willard grant conspiracy (2007)
Robert Fisher lleva camino de convertirse, para los historiadores y fans del subgénero, en un reverenciadísimo santón del alt-country. Ayuda ese aspecto de Burl Ives contemporáneo, con su enorme panza y su barba poblada. Es el único miembro estable e imprescindible de una colectividad abierta a la contribución de músicos no mercenarios, que entran y salen en función de cómo sean en cada momento sus circunstancias personales y los compromisos adquiridos en otros proyectos.
Willard Grant Conspiracy pueden ser, dependiendo del momento, Fisher y su guitarra o una decena de almas conformando una orquesta densa y muy poderosa. "Let it Roll", aunque luego grabado en estudio, se concibió como el primer directo oficial de WGC. Y, la verdad, sólo falta que hubieran añadido algunos trucos de posproducción, a modo de platea interactiva, para que te inunde plenamente la sensación de captar el latido de la banda en una noche de concierto.
Ocho de las dos canciones superan los cinco minutos y, en cada tema, WGC buscan, con morosa intensidad, ese crescendo emocional sutil y progresivo, esas maniobras envolventes propias del directo. Aunque en una concepción del directo sin concesiones al efectismo, que recuerda en muchos momentos al cada vez más depurado Nick Cave de estos últimos años.
Fisher, estupendo compositor, tira de agenda y, a su alrededor, se agrupan músicos que, aparte competencia (mucha), demuestran complicidad. Cantando te recuerda a Cave y, más obviamente, a Kurt Wagner (Lambchop). Con tales referentes, se comprenderá que el mundo de este personaje no haga concesiones ni endulce su discurso con más adornos de floricultura que los de la portada. Tampoco se adentra en misticismos ni iluminaciones a lo Woven Hand. Su reino y sus preocupaciones son de este mundo.
La compacta banda, compuesta por gente perfectamente capaz de deslumbrar a golpe de virtuosismo, huye como de la pestes de anticuados solos de lucimiento y del menor efectismo. La belleza fluye, recatada y honesta, en los largos desarrolos de cada tema. Plenos de detalles (a cargo de violines, violas, piano, guitarra, mandolina... y hasta una puntual trompeta insurgente), pero sin cometer por un momento en robarle protagonismo a la esencia de la canción: integrándose en esa esencia.
Auxiliado por Steve Wynn en algunos de los textos y con el único complemento de una versión apasionada de Dylan ("Ballad of a Thin Man"), Fisher camina, con su paso corto y tozudo de hombre gordo, por la senda de los songwriters que hacen época.
Alfonso García
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