_series/tv
20/04/10
   

_treme

'música para el caos'
dir. varios
eeuu, 2010
 

 

_La cadena estadounidense HBO está de nuevo a la cabeza de la ficción televisiva mundial con la emisión de varias series de calidad, como nos tiene acostumbrados. Entre 'Boardwalk Empire', cuyo argumento se centra en la época de la Ley Seca en Atlantic City con un Steve Buscemi de gángster protagonista y con un cada vez más exitoso Martin Scorsese, y 'The Pacific', miniserie que continúa con la senda propuesta por Spielberg y Tom Hanks en 'Band of Brothers', se entrevé 'Treme': lo nuevo de los creadores de la gran 'The Wire'. Nada más que decir, por tanto.

 

Que las desgracias humanas son una buena base para construir una historia no es nada nuevo. Pero que esa desgracia, en este caso el paso del Katrina por Nueva Orleans, sirva como elemento lineal para comenzar una ficción entre tanta pseudo ciencia ficción y trabajos humorísticos de dudosa chispa merece, cuanto menos, un vistazo.

 

Nueva Orleans, desatada por el huracán, debe luchar día a día por reconstruirse ante la pasividad del Gobierno norteamericano y la ineficacia del ejercicio de la vertiente más incisiva del cuarto poder, el periodismo. Así, los habitantes de esta ciudad, que lleva la música en su esqueleto histórico, han de enfrentarse a sus propios miedos para levantar lo poco que queda de los barrios, entre ellos Treme, que da nombre a la serie.

 

El equipo de guionistas, formado por David Simon y Eric Overmeyer, se ha valido de tres grandes actores de la pantalla para apostar por esta producción de HBO: Kim Dickens ('Deadwood', 'Lost'), Wendell Pierce (el calmado detective Bunk de 'The Wire') y Clarke Peters (Lester Freamon, también de esa novela televisiva). Junto a ellos, el enorme John Goodman.

 
_teaser de la serie
 

La música juega un papel relevante en 'Treme': las bandas callejeras de artistas se pasean por los barrios más desfavorecidos de Nueva Orleans -cuna de músicos como Louis Armstrong, los hermanos Marsalis y Harry Connick, Jr.- para avivar el ambiente, para que los ciudadanos no decaigan ni desistan, y al igual que una celebración de la vida, ésta se torna esencial para despedir a aquellos que se han marchado, a aquellas casi 300.000 almas que dejaron de respirar bajo unas turbulentas aguas un día cualquiera a finales de agosto de 2005.

 

 

_texto: Sergio Sánchez.

 

 
 
   
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