Thelonious Monk

"Brilliant Corners"

(1957)

 

"Brilliant Corners" es un pronunciamiento en toda regla. Aunque tercer álbum de la era Riverside, es el primero que se apoya con limpieza y orgullo en (geniales) composiciones propias. Imposible saber qué pasaba en aquellos meses por la cabeza de este hermético y casi autista individuo. Así que vía libre a la imaginación o al disparate.

 

A uno "Brilliant Corners" le suena como el discurso emotivo y jocoso de Thelonious Monk sobre la libertad. Significativo después de seis años sin permiso de trabajo para tocar en directo a consecuencia de un asuntillo de estupefacientes. No se recuerdan muchas declaraciones de Monk, pero sí habló más de una vez sobre la sensación de desasosiego e impotencia que se apoderaba de él cuando tenía que escuchar, al pasar frente a cualquier club neoyorquino, las notas que se escapaban desde el interior.

 

Así que no parece del todo descabellado imaginar que la perspectiva de un inminente final del castigo (paréntesis que sólo duraría un año, porque lo suyo no era el autocontrol y la bofia le tenía ganas), desatara la euforia del pianista y la cumbre de inspiración del compositor. Escuchen, por favor, la increíble manera de puntear la gloria con la celesta (mano derecha) y el marfil (mano izquierda) en el maravilloso "Pannonica", compuesto a mayor gloria de su protectora, la baronesa Nica de Koegniswarter.

 

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Thelonious Monk: "Blue Monk (Live 58)"

 

 

En todo caso, los que ponen reparos al estilo de Monk, por encadenado a su intransferible sentido de la precisión y por poco expansivo, tendrán que reconocer aquí una clamorosa excepción. Porque, sin desprenderse de su apego a esas geometrías mentales de vértigo, el Monk de "Brilliant Corners" es carnal, festivo y dueño de una interconexión perfecta con sus músicos, que esta vez se enteran de todo, saben a dónde están siendo conducidos y toman iniciativas siempre acertadas. Tampoco son unos cualquiera: aquí gozamos del mejor momento del todopoderoso Sonny Rollins, de la paleta multicolor de Max Roach, de la precisión relajada de Oscar Pettitford y del saber estar del mejor Ernie Henry. Además, para una de las cumbres compositivas del siglo XX, "Bemsha Swing", el refuerzo de Paul Chambers y Clark Terry.

 

¿Hace falta insistir en que es una de las obras rigurosamente IMPRESCINDIBLES del jazz y de toda la música contemporánea?

 

 

 

texto: Alfonso García.

 

 

 

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