El señor Henry St. Clair Fredericks lo tiene todo para irritar o desconcertar a todo aquel que identifique el blues con un canon de purismos cerrado y férreamente codificado. He aquí un negrata bastante "pijo", universitario del Noreste y, para colmo, empeñado, desde siempre, en dinamitar las fronteras que pudieran incomunicar al blues del resto de las músicas populares norteamericanas. Y, conforme las escuchas derivadas de su curiosidad insaciable ensanchaban los horizontes de su estilo, también dando muestras del buen uso que ha sabido dar a tantas escalas (sobre todo africanas) que detalla su pasaporte.
Toda esa inquietud tiene su pregón en los álbumes primerizos. Taj Mahal no se aferra al blues acústico ni al eléctrico: los alterna, a capricho pero con gran coherencia, incluso dentro de un mismo tema, aprovechando su formación de multriinstumentista.
Pero lo más sorprendente viene en los dos temas finales: una balada de William Bell (You Don't Miss Your Water..." ) y un cañonazo de Homer Banks ( "Ain't That a Lot of Love"). De repente ese que sus detractores definen como frío antropólogo, parece meterse en la piel de Otis Redding y dejarnos un recado explícito de cómo podía considerar al tórrido soul de Memphis como la más lógica derivación contemporánea del sonido de los algodonales.
texto: Alfonso García.
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