Si te dicen que c

Juan Marsé

(España, 1973)

 

"Si te dicen que caí" es la novela de Juan Marsé que más destaca dentro del periplo avocado a la posguerra española. Narra la historia de un cadáver que en la cámara frigorífica es reconocido por el celador quien revive su infancia conjunta, y con ella las historias entretejidas de una banda de pistoleros y los feroces niños kabileños , los cuales para redimirse un poco de la miseria y el aburrimiento, se reúnen a contar aventis, juego que consiste en inventar sus propias versiones radiográficas de los rumores que circulan por el barrio. Ambos bandos se conectan a partir del misterioso personaje de Aurora Nin , a quién Java , el líder de los kabileños , busca con desespero para seguir extorsionando a la viuda de un militar que le ha pedido la encuentre, sin desvelarle sus motivos. La búsqueda de esta mujer lleva a Java a remover los estratos del bajo mundo, donde putas, militares y asesinos se confunden hasta hacer presa del joven.

 

Expresado de manera lineal el argumento de la historia parece sencillo, sin embargo; la novela se construye a partir de diversas técnicas narrativas (un entarimado de-peche para los filoló-rex) que enredan la historia al grado de sonambulizar al lector, tal como lo explica Marsé , en su Nota a la Nueva Edición. De entrada estamos ante un narrador- personaje, que por su cercanía a la historia, nos presenta sólo apreciaciones parciales y no puede penetrar el pensamiento de los demás personajes porque le está vedado. El manejo de este narrador pudiera sortearse de manera más lograda si fuese sólo esa una de las peculiaridades formales de la narración, no obstante, la historia se enrevera aún más porque asistimos al monólogo interior - que no es lo mismo al soliloquio desarticulado de un infrarrealvisceralista en expansión por el espaciOoO o o o ..- del narrador, situación que genera a su vez la superposición de planos espaciales y temporales que terminan de apuntalar la exquisita arquitectura de la narración. El lector es prácticamente arrastrado a un viaje catróptico que no admite concesiones, si quieres enterarte, lee hasta el final para volver a empezar.

 

La estructura narrativa no es, empero, el único acierto formal de la novela. También destaca la nutrida galería de tipologías textuales que va desde la novela policíaca hasta el discurso erótico, pasando por la novela de aventuras y la escritura cinematográfica. En pocas palabras estamos ante un ejercicio parecido al de Italo Calvino en "Si una noche de invierno un viajero" donde en el cuerpo de un solo texto están contenidas diez novelas, en nuestro caso aunque menor el número de tipologías, el resultado es la misma bomba literaria (la bomba sexual es Ramoneta Nin , rubia platino del Ritz #333).

 

La crudeza es como al mexicano el limón y el yoghurt a los clásicos, inherente a cada una de las tipologías textuales de la narración. La banda de pistoleros hace manifiesta la historia sucia de España donde todo eran delaciones, detenciones, torturas, desaparecidos y fusilados; como en catálogo 3D de la Inquisición aparecen la Campana Infernal , la Estrella de las Cinco Puntas, la Araña y torturas sin mote específico que son inflingidas a los integrantes de este grupo de hombres armados, que han olvidado el motivo de su lucha: la resistencia civil, y sobreviven convertidos en viles atracadores, carteristas y lo que es peor, asesinos, pues como dirá Aurora Nin en algún punto de la novela:

 

"ellos ni me escuchaban, ni parecían estar dispuestos a echarse atrás, todos son iguales cuando empuñan una pistola, crueles y sanguinarios". (1997:259)

 

Implacable como sus personajes es también la crítica de Marsé que revienta contra todos los bandos llámense derechistas, falangistas, franquistas, rojos, republicanos, nacionales. la dicotomía del marxismo por antonomasia, no es ya imperativa. Se alza por encima de ella y denuncia la corrupción general de una sociedad que tras una primera etapa de lucha y resistencia con la aún firme convicción en que el estado de cosas nacional no podía durar y que la joven dictadura claudicaría ante el esfuerzo organizado dela lucha civil, se va sumiendo no obstante en el letargo, toda vez que las instituciones secretas de la dictadura empiezan con el barrido ideológico de los detractores, esos remanentes de cordura que como fantasmas van desapareciendo de las calles, síntoma inequívoco de una sociedad que empieza a desmoronarse.

 

De ahí que aparezca de manera iterativa la figura del escorpión funcionando como símbolo de la autodestrucción y el odio entre hermanos, pues "cuando se ven [los escorpiones] cercados por el fuego y sin posibilidad de escapatoria, se revuelven contra sí mismos y se suicidan clavándose el aguijón envenenado en la cola" (1997:138). Cita que describe muy bien las relaciones al interior de la banda de pistoleros, pero que también alude a la revolución que sufren muchos de los personajes que un principio apuntan a ser los antagonistas de la historia, pero que al final encuentran la restitución de su humanidad, no en un acto de contrición como en las misas de domingo, sino en el recuento de la propia experiencia. No es pues una novela de personajes planos donde el villano es el típico malo malo, al más puro estilo Catalina Creel (aunque también hay un parchado en la historia.) y el héroe santo como las estrellas del manto de la virgen. No. El tratamiento de los personajes revela una profundidad psicológica tan sutil como efectiva.

 

Junto a la denuncia del envenenamiento de la sociedad y los crímenes de la dictadura, aparece la crítica a esa política del olvido en la que no pocos nombres han caído. Para realizarla Marsé echa mano del juego de niños, nada ingenuo, que como ya hemos dicho, son las aventis. Arruinada su capacidad de asombro por las atrocidades de la guerra, a los niños sólo les queda el azar, la manipulación macabra de los recuerdos, una "pobre memoria personal en expansión flotando entre el polvo nauseabundo del derribo, entre las ruinas, la desolación y la muerte".

 

Y en cuanto al postre erótico del pastel. cada quien con su boca se lo coma.

 

 

 

Melissa Niño