_clásicos

 

_pero... ¿quién

mató a harry?

_the trouble with harry
alfred hitchcock

eeuu_1955

 

 

 

Primero de todo, “Pero... ¿quién mató a Harry?” no es la mejor película de don Alfredo (mi cuarteto lo componen “Vértigo”, “Con la muerte en los talones”, “Los pájaros” y “La ventana indiscreta”. O “Psicosis”) No es de las mejores pero siempre ha sido una película que me ha llamado la atención de su filmografía. Quizá sea por el título, más el inglés (“The trouble with Harry”), porque te obliga a ponerte en guardia de buenas a primeras ante un misterio que será (más tarde te das cuenta) un auténtico macguffin de tomo y lomo.

 

La primera vez que vi “Pero... ¿quién mató a Harry?” la verdad es que me aburrió. De las películas americanas de Hitchcock sólo me pasó lo mismo con “Topaz”. Y con el tiempo me dije que algo debía fallar. Y las volví a ver y las dos veces me di cuenta de que las dos son películas bastante entretenidas, la una divertida, la otra, espías y amor. Deslumbrado por títulos más llamativos o consagrados, “Pero... ¿quién mató a Harry?” se me quedaba al margen del camino.

 

Qué no vi para que me aburriera esta película. No es una obra maestra, aun después de vuelta a ver. Se la considera una película menor de Alfred Hitchcock. ¿Maldita? Ninguna de las dos cosas. Vista a día de hoy, “Pero... ¿quién mató a Harry?” me parece divertidísima. La película con más visos de humor de Hitchcock. Humor negro, humor de corte inglés, de flema, aunque la trama de la historia se desarrolle en América.

 

 

*Pulsa aquí si no ves el siguiente vídeo.

 

 

Trailer de la película.

 

 

Pero la gran pregunta es quién demonios mató aHarry. Eso se preguntan los ¿pacíficos, inofensivos? habitantes de una pequeña localidad campestre de Vermont cuando, uno por uno, se van enterando de la existencia del cadáver de un hombre abandonado en el bosque. El cazador confundido porque cree que ha sido él quien de un disparo fortuito dio muerte al susodicho. Un médico con problemas de visión al que le costará darse cuenta de que ahí huele a muerto. Un pintor de tendencias abstractas. Y Shirley MacLaine, en lo que fue su primer papel en la gran pantalla.

 

Shirley MacLaine. Una deliciosa muchacha pelirroja que hacía su debut en esta cinta (¡pelirroja!, atención al dato en un mundo hitchcockiano mayoritariamente poblado de rubias), que comenzó a cimentar el perfil de chica tímida que no ha matado una mosca y que tan arrebatadoramente explotó en “El apartamento”, tres años después.

 

Alfred Hitchcock rodócon total libertad esta película que pasó sin pena ni gloria entre el gran público. Se trata de la película en la que el humor hace acto de presencia de manera más evidente en toda su filmografía. Si bien el suspense también, lo hace reñido con tintes de humor.

 

El director británico adaptó la novela “The trouble with Harry” de su compatriota Jack Trevor Story. Hitchcock la cataloga en “El cine según Hitchcock” como un libro con un humor muy rico. Se lo dice a Truffaut en esa biblia del cine escrito: “Respondía a mi deseo de trabajar los contrastes, de luchar contra la tradición, contra los clisés. En “Pero... ¿quién mató a Harry?” saco el melodrama de la noche oscura para llevarlo a la luz del día. Es como si presentara un asesinato a orillas de un riachuelo cantarín y soltara una gota de sangre en su agua límpida. De estos contrastes saco un contrapunto, y quizá, incluso, una súbita elevación de las cosas corrientes de la vida”.

 

Ahora digo: ¿la gran pregunta es Pero... ¿quién mató a Harry?? Obviamente en cuanto sepamos la verdadera causa de la muerte del infortunado Harry, nos daremos cuenta de que todo ha sido otro subterfugio de Hitchcock, otro de sus macguffin, para contar cualquier cosa menos un asesinato. Lo menos que importa es eso. Como toda película de toque “hitch”, al director británico le importa un bledo la incógnita que desata cada una de sus historias. Le importaba bien poco qué le decía a James Stewart el hombre al que acuchillan en “El hombre que sabía demasiado”. Importa poco la soga de “La soga”. Importa poco si Kim Novak es o no es. Y tampoco saber quién mató a Harry. Importa más lo que pinta John Forshyte (quién lo diría, el patriarca de la serie “Dinastía”) en sus cuadros llenos de abstracción. O la causa de la miopía extrema del médico del pueblo. O el secreto que guarda la angelical Shirley MacLaine. O por último, la atracción que surge entre Forshyte y MacLaine. Entre todos y Shirley MacLaine.

 

Otro dato que contribuye a vestir de mito a esta película cinéfilamente hablando: primer aporte de Bernard Hermann en las partituras musicales de las películas de Hitchcock, en lo que sería el inicio de una prolífica y apasionante relación, una de las parejas invisibles más importantes del cine de todas las épocas. La banda sonora de Hermann no está exenta de coña, de detalles bromista, de ironía. El actor secreto de Hitchcock, Bernard Hermann.

 

¿Más que haga diferente a esta película? Que Hitchcock no tiene cameo. Como si no lo conociéramos, pensaría él, nos tenía reservada esa ausencia de uno de los directores con más presencia, con más sello, con más impronta dentro de sus películas.

 

 

 

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José Miguel Gonzalvo

 

 

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