Inicio como siempre renegando contra las estructuras mentales que imponen las universidades a la ya de por si queda voz del individuo y viene a mi mente el recuerdo de todas esas mujeres atrapadas en su cuento, en su obra, en su poesía y las veo emerger escondidas a la sombra de nuestras voces que discuten su existencia literaria mientras ellas se reinventan.
¿Que si la mujer seguirá dependiendo del hombre mientras sea incapaz de reconocer la voz de su pensamiento? Por supuesto, pero no hay que pensar en el hombre como aquel extraño de chaqueta roja que solloza como tigre tras los árboles en Tiene la noche un Árbol , no. El hombre que oprime nuestra existencia femenina muchas veces no existe como singular, es toda una construcción social intangible, la suma de años y años de historias que yacen en el anonimato. Pero existe el texto, la literatura, ese terreno de reencuentro, de revelaciones que nos permite crear un pensamiento libre.
No se piense en el feminismo como el pensamiento liberador pues ese movimiento obedece a cuestiones sociales, a una aproximación con la herramienta de la desesperación como brazo derecho, y se olvida de que no sólo la mujer sufre, el machismo también cercena al macho, de ahí que haya un cambio de voz narrativa y la mujer empiece a ser advertida por el hombre y junto con ello la propia tristeza de la condición masculina del hombre en América, pues si hablamos de mujeres, hablamos de hombres también. Tenemos como muestra el cuento de La otra Miriam escrito por Viviana Mellet, en donde el narrador es el marido que ve con piedad la miseria de los días que canta al caer como esos panes que Mariana ve rodar hasta un charco al no poder maniobrar con el hijo, la carriola, los panes.!
La selección de cuentos disfrutados y analizados gracias a las opiniones acertadas de algunos compañeros, plantea dos tipos de mujeres: La Mujer Sometida y la Mujer Intelectual.
La mujer sometida está bajo el yugo de ciertas construcciones sociales, como en el caso de la última sobrina en el cuento de La muñeca menor de Rosario Ferré, el cual retrata la locura de una mujer adulta que se recluye en sí misma toda vez que el mundo la ha rechazado con sus reglas tácitas de belleza convencional. Así mismo nos plantea la cosificación de la mujer en función de su status quo, tal como le sucede a la segunda protagonista de este relato. Este personaje prolonga la mutilación del psiquismo femenino que se inicia con la desgracia de la tía adulta, sólo que a diferencia de ésta, la sobrina o muñeca menor, no puede escapar de las convenciones sociales y termina por casarse con un joven médico que la utiliza para ascender en la escala social ya que se trata de la última de las especies de un linaje que se desmorona, es decir, la sobrina menor además de ser cosificada en función de los intereses económicos que se persiguen amparados por el sacramento del matrimonio (nada encuentro de religioso en esto) es tratada como bestia de circo, al cual las personas pagan por poder ver.
Lo interesante de este cuento es que al final existe una revancha por parte de ambas protagonistas con lo que se empieza a verificar ya un cierto grado de emancipación, tal cual lo encontramos en el cuento de El árbol , que nos plantea a una mujer que tras un matrimonio frustrado alcanza a desprenderse de las cadenas de esta institución social que es el matrimonio por voluntad propia. Hago énfasis en que la decisión de separarse viene de la protagonista, pues en esta enunciación del deseo y la voluntad personal de la protagonista en cuestión, se encuentra el despertar de la mujer que en otros cuentos habrá de lograrse con más claridad.
Tomando pues como referencia los desarrollos de las protagonistas en los cuentos de Rosario Ferré y Maria Luisa Bombal, estamos en el estadio intermedio entre la mujer sometida y la mujer intelectual. La mujer sometida está retratada en los cuentos de El Anilllo de Elena Garro, Tiene la noche un árbol de Guadalupe Dueñas, La Raíz del sueño de Marta Brunet, Cabecita blanca de Rosario Castellanos y La Virgen Desflorada de Angelina Muñiz- Huberman y la mujer intelectual descolla en los textos de Luisa Valenzuela, La Densidad de las Palabras y en Mujer de alguien de Zoé Valdes donde el pensamiento femenino se cristaliza irreversiblemente en la mujer instruida que se toma como medida a sí misma, pero también adivinamos su huella en las mujeres de Una semana de siete días y Letra para salsa y tres soneos por encargo ya que en ellos se da un cambio de roles, en el que la mujer se apropia de acciones que suelen verse representadas por personajes masculinos.
En resumen tenemos que hay una evolución de la mujer a través de los cuentos, la cual va de una mujer con pensamiento propio pero que no puede expresarlo por las limitaciones del entorno social, hacia otro prototipo femenino que empieza tomar conciencia de sí misma primero para enseguida culminar en la mujer consciente no sólo de su realidad sino de su papel dentro de la sociedad, de sus aspiraciones que son las de muchas otras mujeres que aún padecen en la sombra.
Por el lado de la poesía también nos encontramos con mundos ficticios llenos de una imaginería particular que alcanza los colores de una composición japonesa, inspiración propia de los modernistas, tomemos por ejemplo el verso de Delmira Agustini en el que dice "como una torre de marfil me alcé" lleno de elegancia poética transmutada en el ejercicio funambulesco de arrojar las palabras a caminar por el hilo de plata de los sentimientos que se alzan sobre vacío.
Cercana a esta poeta se yergue la poesía de Dulce María Loynaz, poeta cubana del siglo XX de exquisita sensibilidad que reconoce entre sus influencias la obra de los franceses pero que dota a su mundo poético de una nueva sensibilidad propia del intimismo posmodernista en donde la voz lánguidamente susurrada con temple alabastrino se deja desgarrar en cantos como el que entona a San Miguel Arcángel , donde La Mujer de Humo se pone a los pies de este ser angélico para ser rescatada de ese demonio que le chupa la sangre.
En la mayoría de estos mundos se deja sentir un halo de fatalidad que viene precedido por elementos que nos remiten a la muerte por amor, esa que sólo los poetas logran aprehender. Estamos hablando de mundos poéticos como el de Alfonsina Storni donde la relación amorosa de los individuos se reviste de matices de tragedia al chocar abruptamente los fundamentos del amor, con los del pecado , es decir, se colapsan los mundos interiores del sentimientos con los de la sociedad.
En Juan de Ibarborou nos deleita el goce sensual de nuevo modernista, que la emparenta con Agustini y Loynaz:
Y siento la tentación
de hundir mi cuerpo en la oscura
agua quieta que fulgura
bajo el cielo de crespón
pero que en su caso alcanza mayor concreción, como muestra retomo el fragmento citado antes, en el cual Ibarborou hace gala de su estilo sensual pero a la vez existencialista, pues al hablar la voz poética de su realidad corporal inmediata, se da el reconocimiento y aceptación de la sexualidad femenina y lo que podría quedarse en un mero verso sensualista desentraña la revelación femenina por la que clamamos todas alguna vez.
Melissa Niño
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