mötley crüe (2008)
Mötley Crüe siempre han constituido el paradigma de las bandas angelinas de la década de los 80, incluso por encima de unos Guns n´Roses cuya corta carrera en cuanto a edición discográfica ha lastrado su consideración como referente de una época o estilo. Vendieron millones de discos sin renunciar nunca a su música; gastaron otros tantos de dólares en drogas y sexo; sufrieron rupturas, reconciliaciones, muerte y enfermedades; tocaron fondo artísticamente y resurgieron de sus cenizas pero, además, nos lo contaron todo con pelos y señales en su aclamada autobiografía "The Dirt". Ése es uno de los motivos principales por el que han sido odiados y amados a partes iguales, pero a diferencia de los detractores de otras bandas más celebradas universalmente como pudieren ser Led Zeppelin o incluso The Beatles, los suyos en muchas ocasiones desconocen la música que a lo largo de 27 años ha facturado la formación californiana, detestándolos fundamentalmente por lo que significan o representan sin otorgarle importancia a su trabajo como artistas. En tal sentido, la última década ha sido especialmente notoria en cuanto a novedades para los Crüe, comenzando por los cambios a la batería en el año 2000, la edición de su extraordinario "New Tattoo" que tuvo una repercusión muy por debajo de lo esperado, o la mentada publicación de su historia en formato literario. Sus distintas giras con la formación original han vuelto a situar a la banda en unos niveles de popularidad de los que no disfrutaban desde hace casi 20 años, pero al margen de los 3 temas grabados para la edición del recopilatorio "Red, White & Crüe" (de los cuales uno era una versión de los Rolling Stones), el conjunto no había publicado material nuevo desde hacía 8 años.
Así pues, la reciente aparición del álbum "Saints of Los Angeles" debe ser situada en el contexto señalado de unos músicos que hasta el momento tan sólo habían mostrado su estado de forma actual en directo y no en cuanto a composición, por lo que las expectativas eran o son, relativamente, altas. Pues bien, a mi juicio han facturado su mejor trabajo desde el inmortal "Dr. Feelgood", lo cual es mucho decir, sobre todo teniendo en cuenta que quien suscribe estas líneas adora discos como "Generation Swine" o "New Tattoo". Al igual que el álbum multiplatino señalado o el anterior "Shout at the devil", una introducción narrada nos da la bienvenida para que nos pongamos en situación cuando "Face down in the dirt" irrumpe con fuerza. Toda una declaración de principios propia de los Crüe y que no decepcionará a ninguno de sus seguidores. A continuación "What´s it gonna take" se muestra como una composición más clásica por lo que respecta a la estructura y estribillo y que podría haber encajado sin problemas en todos los trabajos publicados veinte años atrás. Es sin embargo con "Down at the Whisky" cuando uno percibe la nostalgia y evocación de tiempos pasados como un ejercicio del presente de modo más notorio. Una letra repleta de referencias a sus días iniciáticos y con un maravilloso estribillo que la convierte en potencial single. Es un tema relativamente cercano a otros como "Angela" o "Don´t go away mad" por su estructura y secuencia de acordes.
Tras ese descomunal inicio nos encontramos con la composición elegida por la banda para ser publicada como primer corte promocional, así como también la pieza que titula el disco. "Saints of Los Angeles" es un clásico instantáneo, con una estrofa muy dura y rítmicamente infernal que enlaza con un fraseado perfecto, la dosis justa de melodía, actitud y fuerza para convertir la canción en un elemento imprescindible de futuras actuaciones y recopilatorios. Pero lo más sorprendente es que las siguientes odas no sólo no bajan el nivel, sino que incluso podría discutirse si son mejores que la que antecede. Así pues, "Motherfucker of the year" nos muestra una composición más actual de la banda que, sin embargo, funciona a la perfección, un estribillo con un ritmo de batería delicioso y unos coros melódicos que te atrapan al instante.
Probablemente el tema que más controversia pueda generar sea "The Animal in me", no por su temática precisamente, basada en una relación sexual S/M, sino por la melodía utilizada en el estribillo ya que nos hallamos ante el corte más comercial del álbum sin duda y en el que se nota bastante la influencia de compositores externos a la banda. Quizá servidor no sea el más indicado para formular una crítica objetiva al respecto teniendo en cuenta que de estos tipos incluso me gustan aberraciones como "Brandon", pero en cualquier caso es una canción que se deja escuchar perfectamente. Como si la banda fuera consciente de tal circunstancia el siguiente sencillo se encuentra entre los más recios de toda la colección, "Welcome to the machine" es una pieza de hard-rock furioso y rápida, sin concesiones a la sutileza.
"I´m just another psycho" es una composición que merece un aparte. No sólo su título se encuentra entre los más destacados de la historia de los Crüe (lo cual es mucho decir), sino que se trata de uno de sus mejores temas por el perfecto equilibrio existente entre estrofa/puente/estribillo/letra. Todo encaja a la perfección y su armonía se aposenta en nuestros lóbulos temporales para permanecer allí ad eternum. Los coros son todo un ejercicio de talento de los angelinos.
Finalmente, nos hallamos ante unos 3 últimos cortes muy distintos entre sí. Después de haber sido agasajados con todo lo anterior nos regalan una obra marca de la casa ("This ain´t a love song"); otra gran canción con una estructura rítmica muy diferente al resto de temas y con (una vez más) un estribillo glorioso ("White trash circus") y finalizan con la que sea, probablemente, la composición más convencional de todo el compacto. No es que "Goin´ out swingin´" sea una mala canción, ni mucho menos, pero es tal el nivel de lo mostrado que no puede destacar sobre el resto de manera especial.
Se puede afirmar sin rubor que Mötley Crüe han creado una de sus mejores obras. Fresca, actual y contundente pero sin renunciar en ningún momento al estilo y maneras que los caracterizan. Es el disco del año desde el instante de su publicación.
Pablo Martín
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