
(Reino Unido/EEUU, 2007)
El hombre que introdujo en nuestras vidas a Babe, el cerdito valiente, regresa con una historia que, a priori, amenaza con batir todas las plusmarcas de cursilería que estableció el cordial gorrino. Noonan toma la vida y milagros de Beatrix Potter, celebérrima autora e ilustradora de cuentos infantiles, y realiza un biopic tan inglés como un roastbeef, con vocación eminentemente feliz, donde se sufre, sí, y también se discute e incluso se llora; pero al final del camino todos sonríen, porque la vida es maravillosa, sobre todo vista desde los monumentales miradores de la casa de campo en la que Beatrix imaginaba sus fábulas de patitos y conejitos. En ese sentido, Noonan halla un metafórico equilibrio entre lo idílico (o supuestamente idílico) de las relaciones que únen a sus personajes y lo paradisíaco de la campiña inglesa. Eso sí, gracias al cielo nadie rompe a cantar, que ya es algo.
Para encarnar a Miss Potter se postuló la dueña de los morritos más tóxicos de Hollywood, Renée Zellweger (¡cuerpo a tierra!) que, enamoradísima del proyecto, incluso se ha rascado el bolsillo en labores de producción ejecutiva. Y ella a lo suyo: a disparar mohines a discreción y a luchar, a su manera, por el girl power. A pesar de su origen tejano la Zellweger ha nacido para interpretar este tipo de papeles, tan británicos, tan remilgados. Los borda. La cuestión de si sus "creaciones" son o no armas de destrucción masiva es harina de otro costal. Todos saben lo que se puede esperar de esta mujer y Chris Noonan, al menos, la ha rodeado de una exquisita puesta en escena victoriana para que se sienta como lo que es: una reina. La reina del planeta cursi-gominola.
Enrique Campos
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