Memorias de una

madame americana

Nell Kimball

(EEUU, c. 1918)

 

Hace ya tiempo, y miren que voy camino a la santidad con la licenciatura en letras, que una novela no me extasiaba al puro flechazo. Sin embargo, este año, en la celebración de la FIL y gracias a la excelente labor de la perla entre los puercos, que es la recién nacida editorial Sexto Piso, he tenido la oportunidad de engullir, porque tal fue la lectura, la vida de una muy verosímil madame americana -al menos más que lo que siempre nos habían presentado- gracias a la autobiografía-novelada que hace Nell Kimball de su vida, desde la infancia en la granja hasta los últimos días de ruina en la Florida.

 

Memorias de una madame americana se antoja tentadora por el sólo título, sin embargo, quiero advertir a todos aquellos proclives al influjo de la lentejuela, que este libro no es ninguna guía ilustrada de las demás variantes que puede alcanzar el 69. No, no y no. Las memorias verídicas de esta mujer, escritora nata, son mucho más que eso, y para el desencanto de algunos y la alegría de otros, la novela está más cercana a la observación práctica y filosófica de la vida, que adquiere la Kimball en su deambular por entre las capas y capas de hipocresía con que la sociedad insiste en arrebujarse.

El argumento es sencillo y sin revoluciones: chica pobre se convierte en puta (la esencia de Televisa, sin el envoltorio mental). Una niña nace en el seno de una familia pobre -porque Estados Unidos no siempre ha sido, ni es el american dream- y para escapar a la miseria y los malos tratos del padre, decide seguir los pasos de la tía Letty, una puta retirada que ante la inminencia de su muerte busca asilo en la granja. Con un excelente manejo de las elipses, esta joven, que ya sabe mucho del comportamiento sexual gracias a los animales de la granja -y no me refiero a los de Garfield-, aparece ante la puerta de la casa de citas de los Flegel, contacto obtenido gracias a la tía. Sin arrepentimientos, ni cuestionamientos tipo Santa de Gamboa, la campirana se convierte en Goldie Brown.

 

La narración hace gala del estilo directo y mordaz de su autora. Fue esta voz narrativa la que me cautivó tan pronto hojee el libro, del cual confieso que ignoraba todo, y sigo ignorando más. Sin embargo, de algo te sirven las pequeñas trampas aprendidas en el aula, y a mí en esta rara ocasión, me sirvió para identificar e identificarme con el humor satírico de quien viera el negocio de la carne con la practicidad y naturalidad con la que el mortal promedio ve el trabajo que le procura el sustento. Goldie pronto encarna el símbolo de la puta de lujo, natural born-porno que no precisa de los reflectores para brillar, por el contrario, desde la penumbras de la negación, como una outsider , no exenta del justo grado de resentimiento, se complace en su confinada vida de lujos y placeres, al menos por un cierto tiempo. Y es que no olvidemos la visión práctica, la necesidad y convicción con que se entrega a su trabajo, del cual como todo dios, piensa jubilarse algún día. Por eso no es de sorprenderse que con tan solo 23 años y ya con consciencia de la vejez, decida convertirse en la mantenida de un respetable hombre de negocios ferroviarios, con quien la relación va viento en popa durante dos años, hasta que la ingenua esposa descubre los amoríos.

 

Segregada una vez más por la moral de la sociedad, tiene que marcharse de Nueva Orleáns, rumbo a San Francisco, a donde se va con los ahorros que el Sr. Flegel honestamente le administrara, además de con un bono "extra" dado por su amante, quien conoce el sueño que ésta acaricia de convertirse en una madame; puesto en términos comprensibles para el hombre contemporáneo, seria como el futbolista que acaricia la compra de su carta.

 

En San Francisco apenas empieza a trabajar, conoce a Monte, un refinado asaltador de bancos, quien al igual que ella tiene un alto concepto de sí mismo, del orgullo y la elegancia precisos para despreciar la vida corriente del trabajador a sueldo. Mejor es dar un golpe fuerte, o prostituir el cuerpo, para liberar al espíritu de la amarras de la cotidianidad insultante. Vamos a obviar que este es el único hombre a quien ella se entrega en su vida, pues siempre, a cual más siendo una puta, estuvo acorazada en el desprecio o la indiferencia hacia los hombres, sentimientos que sus dotes histriónicas le permiten esconder, pero sólo de la mirada de los incautos.

 

 

De nuevo, con un espíritu decadente esta mujer se niega a prostituir sus memorias haciendo uso del tópico melifluo del amor, y cuando pareciera que está punto de entregarse a las mieles de la luna, prefiere ser parca, elíptica y sincera. Su vida como esposa de un asalta-bancos nada tiene que ver con las películas hollywoodenses del héroe-atracador, que siempre logra huir con el botín. Contraria a la estampa que nos ha heredado la tradición fílmica americana, el libro nos habla de una profesión peligrosa y difícil, a los pies del abismo, pues la inminencia de la muerte y la traición están presentes en cada "trabajo".

 

Más allá de los hechos que nada novedoso aportan a la esfera del conocido hooker`s world, lo interesante de este libro es la humanización desliteraturizada, que nos entrega la autora, del oficio de la puta. Además su lugar en primera fila, la dota de una inteligencia imponderable para los temas de la moral pública, la identidad americana y los círculos bajos de la sociedad. La extraña conciencia del tiempo y los cambios que se están operando en la sociedad americana -el tren está expandiendo sus redes por todo el país- la asedian desde la infancia, periodo en el que adquiere las vivencias que la harán una detractora del rol femenino por antonomasia: coger, fregar y morirse. Habiendo visto a su madre dedicada a estas faenas sin descanso, no es de extrañar que escogiera para ella un trabajo más indulgente, y si total, todo está en el follaje, más sincero es hacerlo para la ocasión, y no funcionar como una fábrica de repuestos para la humanidad.

 

Por si esto fuera insuficiente motivación a la lectura, piensen que encontraran resueltas cuestiones que muchos han esgrimido durantes no pocas noches ¿cuál es el origen del mote de hooker ? ¿En dónde empieza la costumbre de llamar distritos rojos a los barrios de prostíbulos? ¿Por qué las puta reales morían por un diente de oro?... todos misterios que encuentra respuesta en Memorias de una Madame Americana ¡no deje de adquirirlo en el kiosco de la esquina.

 

 

 

Melissa Niño.

 

 

 

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