Manhunter

Michael Mann

(Estados Unidos, 1986)

 

Unos cuantos años antes de que media humanidad recibiera entre la inquietud y la fascinación aquel "Hola, Clarice" con el que Anthony Hopkins saludaba a Jodie Foster en "El silencio de los corderos" , su personaje, Hannibal Lecter, ya se hacía notar en "Mahunter" , aunque aquí Lecter, interpretado por Brian Cox , es una pieza meramente referencial. Como en la cinta de Demme , el doctor antropófago colaborará a su manera con el detective protagonista para ayudarle a capturar a un peligroso asesino en serie. Paradójicamente, aunque "Manhunter" pasó con más pena que gloria por las taquillas, ya entrados en el siglo XXI y con Lecter/Hopkins convertido en un icono absoluto del cine de horror, en Hollywood retomaron esta misma historia para la mediocre "Red Dragon" en la que, entonces sí, el sibarita Hannibal tenía una importancia clave.

 

Pero centrémonos en la cinta de Michael Mann porque, si bien "Manhunter" no tuvo ni la repercusión ni la influencia de "El silencio..." , no se trata en absoluto de un producto menor o de segunda fila. Estamos ante un film oscuro, en el que el personaje principal no sólo tiene que luchar contra el psicópata al que persigue, sino también contra sus propios demonios personales. Vive torturado por una traumática experiencia del pasado -ahí es donde encaja el honorable Lecter- y, pese a sus muchas reticencias, se ve arrastrado por antiguos fantasmas hasta llegar a una difícil disyuntiva: ¿salvar vidas o conservar la salud mental?.

 

De entre los muchos atributos de Michael Mann como realizador, siempre destaca su inteligentísimo sentido del ritmo. Rara vez sus películas caen en lo lineal o sufren altibajos, antes al contrario, tiene una especial habilidad para construir esos "in crescendo" en los que la tensión se eleva y se eleva en pos de un soberbio clímax final. "Manhunter" es de libro en ese aspecto: sólo cuando se ha surtido al espectador de información suficiente acerca de lo sufrido por ese atormentado detective y de los crímenes que se están cometiendo, Mann nos muestra a las claras el rostro del asesino. No juega a esconderlo ni a regatearnos su identidad. Nos columpia de forma magistral desde el punto de vista policial al punto de vista del perturbado, hasta que ambos acaban por encontrarse.

 

*Nota: los teleadictos se congratularán al ver que ese detective con un poder de deducción casi sobrenatural no es otro que Wiliam Petersen , más conocido hoy en día por ser el pedante, sabelotodo e inexpresivo-cual-piedra-pómez agente Gil Grissom de "CSI". Como dicen allá en el pueblo: la cabra siempre tira al monte.

 

 

 

Enrique Campos.

 

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