Las aventuras

de Sherlock Holmes

The adventures of Sherlock Holmes

Alfred L. Werker

(EEUU, 1939)

 

Si James Bond siempre tendrá la cara de Sean Connery , si Philip Marlowe será siempre Humphrey Bogart ; de la misma manera que los rostros de Christopher Lee o Christopher Reeves nos evocan a Dracula o Superman respectivamente, sólo ha habido y sólo habrá un Sherlock Holmes. Sólo Basil Rathbone puede ostentar el título del actor más apto para personificar al sagaz detective. Él fue capaz de darle al personaje de Holmes todos los matices que su personalidad encerraba: su mirada escrutadora, a veces burlona; sus modos elegantes y señoriales, y, por supuesto, una arrogancia y una petulancia que normalmente encontraban su contrapunto torpón y desnortado en el pobre Dr. Watson -el también habitual Nigel Bruce- , quien, sabiéndose un ser inferior, aceptaba resignado la chulería de su amigo y colega.

 

La película que traemos hoy a nuestros clásicos fue la segunda de una serie de estupendas adaptaciones de las novelas de Sir Arthur Conan Doyle , que siguió a "El perro de los Baskerville" , estrenada un año antes. En "Las aventuras de Sherlock Holmes" el sabueso de la eterna pipa vuelve a vérselas con su archienemigo Moriarty, que parece convencido de haber descubierto -una vez más- el modo de burlar a Holmes y a su infalible olfato. ¿Su objetivo? Ni más ni menos que las joyas de la corona británica, ésas que custodian un buen puñado de hombres armados hasta los dientes en la tenebrosa torre de Londres. ¿Conseguirá el malvado profesor salirse con la suya?

 

Misterio, algo de humor lacónico, la niebla de la capital inglesa y mucho, mucho entretenimiento. ¿Alguien puede dar más en sólo 70 minutos?

 

 

 

Enrique Campos.

 

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