la suerte de emma

emmas gluck

Sven Taddicken

(Alemania, 2007)

 

Los días del protagonista de esta cinta alemana tan tierna como poco pretenciosa están contados por culpa del maldito cáncer. Sin embargo, tiene claro que no va a pasar sus últimas semanas ahogado en la rutina y "en la normalidad", tal y como le aconseja un (buen) doctor. Así, en su huida hacia delante, decide darle un "palo" a su socio para pagarse un retiro en la Rivera Maya. Pero, ¡ay! , el destino, siempre al acecho, va a hacer que encuentre su paraíso no entre las cálidas aguas caribeñas, sino en la granja de Emma, una muchacha lozana y asilvestrada, casi prima lejana de Pipi Langstrum, que va a ser el san Pedro particular de nuestro héroe. Ella le abrirá de par en par, y aquí en la Tierra, las puertas del Cielo.

 

Sven Taddicken afronta su relato de manera radicalmente opuesta a como lo habría hecho cualquiera de sus homónimos hollywoodienses. La parábola del enfermo egoísta y la buena samaritana puede dar pie a caer en el melodrama más sensacionalista y deleznable; no es el caso de Taddicken, que opta por contar una sencilla historia de amor donde los elementos dramáticos se sugieren, pero se obvian en beneficio de las buenas vibraciones y el carpe diem. Sea durante dos horas, dos días o dos meses, los enamorados de "La suerte de Emma" aprovechan el momento, su momento. Y así transcurre la cinta, entre paisajes bucólicos y músicas que invitan al relajo. Como las vacas que cría la sanota de Emma, aquí hasta el rabo todo es cine elaborado con buen gusto, sin más propósito que apelar a sentimientos fundamentales. De paso, descubrimos a Jördis Triebel, actriz fascinante, un soplo de aire cálido para la (a veces) fría escena centroeuropea.

 

 

 

Enrique Campos

 

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