
La quimera del oro es una película señera en la obra de Charles Chaplin, maestro de la comedia profunda con trasfondo trágico. El cineasta londinense apostó por la independencia financiera y artística cuando, en su intento de avanzar como creador, se alejaba del personaje de Charlot y de la creciente comercialidad en Hollywood. Estando ligado por contrato a First National, Chaplin ansiaba cumplir sus anhelos artísticos con cierta comodidad, para lo que se alió con el director David W. Griffith y los actores Douglas Fairbanks y Mary Pickford. En 1919, crearon United Artists, pero Chaplin tuvo que cumplir sus obligaciones con First Nacional y no fue hasta el rodaje de Una mujer en París (A woman of Paris: a drama of fate, 1923) cuando lo logró. El chasco se produjo cuando el público rechazó el giro del director, al que preferían en el anterior perfil de comedias más o menos sentimentales protagonizadas por el personaje Charlot. Así que Chaplin planteó La quimera del oro como un desafío para cumplir sus propias expectativas sin olvidar el beneplácito de la audiencia.
Las minorías intelectuales y la crítica albergaron con satisfacción Una mujer en París. La quimera del oro era para Chaplin una oportunidad de evolucionar. Por primera vez, desde toda una década, Edna Purviance no sería ya la 'partenaire' porque Charlot necesitaba verse acompañado por nuevos rostros. A partir de entonces, cada película de Chaplin daría como 'partenaire' a Charlot un rostro nuevo, fiel a esa imagen de la joven que no promete la voluptuosidad sino la dicha. Y cuanto más sazón del personaje, mayor sería la lozanía femenina, hasta llegar a la desgarradora separación de Candilejas (Limelight, 1952).
La primera comedia de Chaplin para United Artist fue también el tramo final de una etapa, ya que el cine sonoro se aproximaba. El circo (The circus, 1928) y Luces de ciudad (City lights, 1931) concluyeron la travesía de cine mudo. Pero era un Chaplin maduro, consagrado con una extensa filmografía que le había elevado mundialmente como creador de comedias. Esa imagen de vagabundo con sombrero y enormes zapatos había trascendido por su profundo calado humano. Un catalizador de las luces y las sombras del mundo, que entendía el humor como un arma que se adentra en la complejidad psicológica. Chaplin realizaba previamente un exhaustivo estudio de la realidad. Su humor corrosivo no está exento de ternura. De hecho, la infancia de Chaplin había sido dura y se identificaba con el perdedor, a menudo en la tesitura de invertir los papeles y poner en ridículo al poderoso: ricos o policías que se llevan la peor parte.
Secuencia de The Circus
Según el crítico Pierre Leprohon, al referirse a La quimera del oro, "quizá falte a la película la seguridad de construcción de algunas otras, la composición sinfónica de El circo ( The circus , 1928), por ejemplo. El final, lleno de toques humorísticos, destruye la unidad del tono. Pero en ninguna parte volveremos a encontrar en Charlot tal riqueza de sentimientos y de emoción espiritual, una síntesis más completa del genio de Chaplin, un arte más poderoso y más estrictamente cinematográfico." Sirva la declaración del autor para comprender las ideas de Chaplin en su momento.
La quimera del oro ofrece a un Charles Chaplin en la cúspide del cine. Empeñado en crecer como cineasta. Con un pie en la comedia y otro en el drama. Presionado por la sociedad y por la industria, mientras piensa en su independencia como cineasta. Deseando escapar del corsé de Charlot y adalid del cine mudo en blanco y negro poco antes de su defunción.
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