la quimera de chaplin (II)

'la decadencia americana'

por Eduardo Tébar

 

 

La I Guerra Mundial sumió en la catástrofe el circuito cinematográfico europeo. Mientras, en Estados Unidos proliferaron las producciones millonarias como respuesta a la escenografía empleada en el cine alemán. Sin embargo, la bonanza económica no se correspondía con la agudeza de sus películas: escaseaban las ideas y abundaban los esquemas repetitivos y obvios. El "american way of life" aparecía reiteradamente con la formulación de lujo, sexo y aventura, además de estar representado, como en los libros de Francis Scott Fitzgerald, por el conjunto de jazz-babies. Se trata de una época grandilocuente en las formas y pobre en los contenidos. No obstante, la llegada del wetern, con sus maneras espartanas, localizaciones exteriores y manantial dramático propio, devolvió la fuerza de las historias, especialmente por La caravana de Oregón (The covered wagon, 1923, James Cruze).

 

El año de La quimera del oro (1925) fue también el de El gran desfile (The big parade, 1925, King Vidor), película que representaba con maestría el tema de la I Guerra Mundial. King Vidor, que había sido ayudante de Ince y Griffith, narró gestas colectivas desde la mentalidad de la América más conservadora de familias todavía patriarcales, posición criticada desde fuera. Para posteridad, quedan las imágenes de la gran marcha al frente.

 

Otro enorme extranjero que, como Chaplin, deslumbró en Estados Unidos fue William Wyler, que más tarde coronaría el cine americano de la anteguerra con John Ford. Wyler arribó a Hollywood en 1921. Durante de la década de los veinte, realizó múltiples westerns para la Universal. Ya en el decenio siguiente, destacó por sus adaptaciones al cine de dramas literarios, que desarrolló con notable incidencia psicológica. Esta fase tiene lugar tras la explosión del cine sonoro, coincidente con el crack económico del 29.

 

Llama la atención cómo se nutrió la industria de Hollywood de talentos foráneos para fortalecerse. Importó a los más notables directores del cine sueco: Sjöstrom y Stiller, ambos con filmes de cuestionada notoriedad con respecto a su trabajo anterior, con la excepción sobresaliente de El viento (The wind , 1928, Victor Sjöstrom). Además, el epicentro del cine mundial acogería a una legión de húngaros: el mortecino actor húngaro Bela Lugosi, seguido por Paul Fejos, Lya de Putti, Alexander Korda y el mítico director de Casablanca (1942, Michael Curtiz), que continuó la temática de la I Guerra Mundial con El arca de Noé (Noah's ark, 1928). En el año de la hecatombe financiera, llegó desde Inglaterra James Whale, responsable de la adaptación del clásico de Mary W. Shelley: Frankenstein (1931).

 

 

 

 

 

Trailer de Amanecer

 

 

Otro caso extravagante es el del director alemán Ernst Lubitsch. Acostumbrado a realizar películas anti-gringas, acabó en Hollywood seducido por el olor del dinero. En Estados Unidos terminó abanderando la comedia ligera a partir de los años veinte. Destacan obras como Los peligros de flirt (The marriage circl, 1924) o Divorciémonos (Kiss me again, 1925). Al mismo tiempo, su paisano F.W. Murnau, figura clave del expresionismo, recalaba en la Meca del cine para rodar Amanecer (Sunrise, 1927), que supuso un paulatino acercamiento de éste al realismo americano.

 

A finales de la década de los veinte, Howard Hawks se convirtió en el estandarte del cine de aventuras, que supo patentar la misoginia de la sociedad americana. Alcanzó su plenitud con el cine sonoro de acción y de comedia. Además, por esas fechas se produjo un éxito descomunal en la rama del cine romántico. Frank Borgaze fue oscarizado por El séptimo cielo (Seventh heaven, 1927), donde establece la "pareja ideal" de la mano de Janet Gaynor y Charles Farell. Poco después, el director rodó, como Chaplin, en las nieves de Alaska la película Torrentes humanos (The river, 1929), hoy desaparecido objeto de culto.

 

Volviendo a La quimera del oro, lo cierto es que la película se vio salpicada por la precipitada boda de Chaplin con la joven actriz Lita Grey. Un matrimonio que duró hasta 1927. Entonces, la prensa estadounidense, tan propensa a la búsqueda del escándalo, vilipendió a Chaplin por su condición de extranjero y judío, a lo que se sumaba su carácter crítico e independiente dentro de la gran industria. La sacudida pública ralentizó el rodaje de su siguiente película, El circo (The circus, 1927).

 

 

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