la maldición

de la llorona

Rafael Baledón

(México, 1963)

 

Murciélagos de goma, ladrillos de corcho, muros de conglomerado que se tambalean o la pierna de un actor que acaba de caer al vacío asomando por la parte inferior de la pantalla. Hacer cine de terror con cuatro pesos en México hace cincuenta años, o al menos intentarlo, requería unas dosis tales de romanticismo y pasión por esto del celuloide que conmueven. Rafael Baledón se lanzaba sin complejos a emular a los clásicos de la Hammer, o a otros grandes románticos como él, a los Terence Fisher, Roger Corman y compañía. Si aquellos anglos tiraban del atrezzo sobrante de grandes producciones para dar vida a sus castillos y sus mazmorras tenebrosas, Baledón directamente partía de la nada más absoluta para componer esta película de horror con cierto trasfondo folclórico-supersticioso mexicano, con la única y nobilísima intención de inquietar al personal durante poco más de una hora y, siempre dependiendo de la capacidad para la abstracción fantástica de cada cual, guiarles por ese caserón maldito habitado por el mal, hermano pobre de las mansiones de Drácula o los aristocráticos palacios en decadencia que imaginó Poe.

 

Para los escépticos y los tibios de turno un producto como "La maldición de la Llorona" será poco menos que una broma de mal gusto, pero en la cinta de Baledón brilla con fuerza el encanto de lo ingenuo y de lo inocente. Simplicidad y actores que se entregan a su representación con la misma seriedad con la que acometerían "Hamlet" o "Las uvas de la ira". Seguro que a Ed Wood la película de Baledón le habría parecido una obra magna en todos los sentidos, aunque, eso sí, él la habría rodado por la mitad de dinero, en la mitad de tiempo y le habría sobrado material para un par de secuelas.

 

 

Enrique Campos

 

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