
En "Bringing up Baby" las risas y carcajadas están absolutamente garantizadas. Con una magnífica y disparatada historia dirigida por Howard Hawks , y dos de los rostros más importantes de la historia del Cine Norteamericano: Katharine Hepburn como "Susan Vance" y Cary Grant como " David Huxley". Y es curioso, que estos dos monstruos de la pantalla grande, quienes nos resultan más familiares por sus filmes dramáticos, se vean tan cómodos y tan sueltos en una comedia que saca lo más gracioso de su repertorio.
Mediante una serie de infortunios e imprevistos, sin saber muy bien cómo, David conoce a Susan y a partir de entonces nada parece tener sentido. Con Susan comienzan a sucederse una serie de mal entendidos que irremediablemente los conduce a compartir una suerte de locos. En la película no caben pausas, los diálogos son rápidos, el ritmo es frenético, alocado, por momentos casi no se puede respirar, la historia es dinámica y salta de un lugar a otro, de una situación a otra, siguiendo los disparates de una Katharine Hepburn demasiado hermosa y entretenida como para no volverse loco por ella.
De entrada, ya resulta gracioso ver a Cary Grant (a quien podemos recordar como uno de los grandes galanes del cine) encarnando a una especie de Clark Kent: Un tímido paleontólogo, que está a punto de conseguir la reconstrucción total de un brontosaurio, para lo cual sólo le hace falta un hueso. El día previo a su boda, con Alice, su prometida, recibe la noticia de que el hueso ha sido encontrado, y con esto, podrá conseguir la ayuda económica que necesita para seguir adelante con el museo. Es entonces cuando la torpe y exquisita Susan, como un torbellino, irrumpe con una energía arrolladora en la vida de David , desordenándolo todo, poniendo en peligro no sólo el donativo que necesita para el museo, sino también su matrimonio, arrastrándolo con ella detrás de "Baby" el Leopardo, de "George" el perro, huyendo en coches robados, debiendo vestir de mujer, más todo lo inimaginable que pueda caber en tan sólo un día.
De esta manera, en tiempos actuales donde las comedias son parodias más bien tontas de otras comedias tontas, rescatamos un filme de 1938, y asistimos a un festín de grandes momentos cómicos, con actuaciones maravillosas, con diálogos chispeantes y una sucesión de disparates que prolongarán sonrisas aun después de finalizada la proyección.
Cristian Suárez.
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