kid rock (2008)
El amigo Robert James Ritchie (Kid Rock para el común de los mortales) llega unas cuantas décadas tarde para atribuirse el mesiánico título de Jesús del Rock and Roll; pero aún puede el de Michigan alcanzar un más que digno apostolado. Nunca ocultó este ex-DJ su adhesión absoluta a la religión del rock sureño, a pesar de que lo que le llevó a pasearse por Rodeo Drive de la mano de Pamela Anderson fuese su crossover de rap, textos deslenguados y metal. Ya lo dejó muy claro en "American Baddass": "El punk rock, The Clash, y las boy bands son basura / A mí me gustan Johnny Cash y Grandmaster Flash". Moderno, sí; pero con los pies firmemente enraizados en su genealogía redneck.
En "Rock and Roll Jesus", como ya apuntara en el anterior "Kid Rock", el rubiales camorrista renuncia casi por completo a su pasado rapper. Si exceptuamos el corte "Sugar", continuador de la saga destroza-charts de "Bawitdaba", "American Baddass", o "You never met a motherfucker quite like me", y que probablemente sea el único tema que los seguidores más jóvenes de Kid sepan asimilar (y bailar) de su último trabajo; el resto del álbum es un continuo tributo a Lynyrd Skynyrd ("Singing Sweet Home Alabama all summer long" canta en "Summer Long"), a los arpegios bluesy de los hermanos Van Zandt, al Honky Tonk y al rock pendenciero de Black Oak Arkansas y demás luminarias del guitarreo setentero más genuinamente yanqui. Pero no hay que confundir términos: Kid Rock no se ha transformado de la noche a la mañana en un artista retro o de revival; la producción de "Rock and Roll Jesus" suena, para o bien o para mal, absolutamente contemporánea y no duda en colar aquí y allá algún que otro sampler, algún que otro scratch. Seguramente siga escuchando Kid a Public Enemy mientras da lustre a sus vinilos de Blackfoot; ésa es su grandeza y ése es también el germen de todas las reticencias que este tipo despierta entre la facción más talibán del Southern Pride, donde la credibilidad del autor de "Devil without a cause" es subcero. Y seguro que a él le preocupa muchísimo eso. Como a sus millones de fans.
Enrique Campos.
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