Si a alguien le quedaba alguna duda antes del concierto, enseguida quedó disipada. Joe Grushecky demostró claramente que es mucho más que el amigo de Bruce Springsteen. Más de 30 años de carrera y 14 discos le avalan. Algunos con The Iron City Houserockers (es nativo de Pittsbourgh) y otros con The Houserockers, como "True companion" (Good Sounds / Discmedi), de hace 3 años. En ese disco producido por su mano derecha en estudio y en directo, el gran guitarrista (como demostró a lo largo del concierto) Rick Witkowski, rockeó a gusto con temazos de Rhytmn & Blues como "Count on you", medios tiempos como "Call him!" o arranques como "A long way to go", que demuestran que también se acerca al mejor pub-rock británico, ese que protagonizaron Dr. Feelgood, Graham Parker o Nick Lowe.
Ahora presentaba su reciente último disco en solitario, "A good life", también en Good Sounds (donde graban sus trabajos colegas como Willie Nile y Southside Johnny & The Asbury Jukes, que también siguen sus coordenadas musicales). Con este destacada trabajo se explayó a gusto. De nuevo bien producido por su fiel y simpático hacha (se ganó al público durante el concierto y tras él), Rick Witkowski, cuenta en 5 temas con la ayuda de la guitarra y la garganta del Boss. En la actuación cayeron "Is she the one", la titular "A good life", la sentida "Lake Pontchartrain", sobre la desgracia del Katrina en Nueva Orleáns, o la preciosa y emocionante "Searching for my soul", una de las más aplaudidas y coreadas de la noche. Otro punto culminante fue el tema que abre el disco, "Code of silence", compuesta a medias con Bruce y que ya apareció en el disco "The Essential" del de New Jersey.
La sección de ritmo funcionó como un corazón marcando el tempo del concierto en todo momento. Las guitarras se explayaron a galope tendido. Comenzando por la del propio Joe, siguiendo por la del guitarra invitado a la gira (Jorge Otero, de los estupendos asturianos Stormy Mondays y de los cuales esperamos nuevas canciones a lo largo de este año) y culminando con las del ya mentado Rick. Joe también respondió con la armónica y su voz todavía tiene mucho "soul" y sentimiento, lo que hace que nos acordemos del mejor Willy DeVille o de John Hiatt. Por supuesto, también se le puede
englobar en el sonido de veteranos como Tom Petty, Bob Seger, Elliott Murphy o John "Cougar" Mellencamp, pero él tiene su marcada y propia personalidad, no entendiéndose como su éxito actual no es mayor (en los 80 estuvo entre los grandes en los USA). De hecho, el prestigioso crítico, Greil Marcus, les catalogó como la mejor banda de bar de los Estados Unidos. Buena definición para un artista y una banda que también puede y debiera llegar a públicos más amplios.
Antes abrió Iñigo Coppel que presentó con simpatía y entrega su debut, "Perdón por existir". Comenzó en solitario y en acústico con acercamientos al gran Quique González, pero para el segundo tema ya entró en acción una buena y curtida banda. Demostró que tiene inteligentes letras y que en música y textos (hubo hasta algún guiño directo como sus repetidos "Judas"), la influencia del gran maestro Dylan es enorme. Buen calentamiento para lo que vendría a continuación.
Grushecky contó en los bises hasta con la ayuda de un joven cuarto guitarra y admirador que también animó el cotarro. ¡Tipos como estos siempre hacen falta en el r'n'r. Si no, habría que inventarlos. Hasta la próxima, amigo!
Más información en www.goodsoundsmusic.com y en www.grushecky.com
Txema Mañeru.
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