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Perder la cabeza, de forma real, es, en algunas partes del planeta Tierra, algo tan habitual como el que se deja las llaves en casa. Haciendo un sucinto recorrido por el acto de la decapitación en la era que vivimos, González Rodríguez analiza el por qué de tal barbarie y lo mezcla son sus propios recuerdos, vivencias y teorías. Natural de México, ese país lleno de arcanos y sentimientos atávicos y contradictorios, González empezará por su propia patria para expandirse más adelante hasta las tierras de los fundamentalistas musulmanes, pasando por el arte (esa foto de portada de Joel-Peter Witkin, detallada ampliamente en el interior del libro). Es México el lugar del que mejor sabrá explicar las motivaciones y rituales de este tipo de asesinato. El tráfico de drogas, con sus consabidas reprimendas y avisos, bañadas en ocasiones con dejes de santería, se advierte como principal caldo de cultivo del mortífero acto. El punto negativo del libro son las incursiones historicistas y geográficas, que cortan el ritmo del ensayo. Por el contrario, las reflexiones sobre adyacentes de cualquier otra cosa le dan un toque diferente y literario a un género acostumbrado a las aulas universitarias.
Ignacio Reyo
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