Harry, el duro

Magnum Force

Ted Post

(EEUU, 1973)

 

Si en los 40 fue Philip Marlowe, en los 60 Bond, James Bond; si en los 80 fue el loco de Marty Riggs; en los gloriosos 70 un tal Harry Callahan fue el encargado de mantener a raya a amigos de lo ajeno, mafiosos, proxenetas y demás fauna de mal vivir. Callahan no era tan ocurrente como el alter-ego de Bogart ni tenía la clase de aquél agente secreto al servicio de Su Majestad, pero suplía esas carencias con el interminable cañón de su Magnum 44 y unos testículos de acero. Su interpretación de las leyes era de manga muy ancha, primero disparaba y después preguntaba; era Harry el auténtico eslabón perdido entre los pistoleros cazafortunas del far west y los modernos polis de diseño de CSI y derivados.

 

"Harry, el fuerte" fue la segunda parte de las aventuras del implacable teniente, menos intrigante que la primera y sin un malvado tan carismático como aquél asesino Sscorpio, pero igualmente entretenida. Todos los ingredientes necesarios para acaparar la atención del respetable estaban ahí: misteriosos asesinatos, tiros a mansalva y persecuciones por tierra, mar y aire en la ciudad más idónea del mundo para los corre-que-te-pillo: San Francisco y sus calles con vocación de montaña rusa. Ted Post relevaba en la silla plegable a Don Siegel y lo cierto es que no se perdía gran cosa con el cambio. Todo emana un inconfundible aroma setentero, e Eastwood hacía una vez más de su inexpresividad la mejor de las virtudes. Cuando todos pensaban que quedaría encasillado de por vida como vaquero, le quisieron encasillar como Harry El Sucio y también se zafó de la alargada sombra de Callahan colocándose tras la cámara y convirtiéndose en uno de los directores más fiables de de su generación. Porque Eastwood ha sido siempre, y ante todo, un animal de cine, un superviviente. El último de los mohicanos. ¡Alégranos el día, Clint!

 

 

Enrique Campos

 

 

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