Una habitación en tinieblas. Las cabezas casi se tocan entre sí. Voces. Susurros. Las sombras de tu mente. Canciones oscuras y misteriosas que son como escenas de cine negro. Si esas películas se siguieran haciendo la mayoría de las canciones de "A secret life" podrían ser parte de alguna de sus bandas sonoras. Marianne Evelyn Faithfull, como reza su dni, nos hipnotiza con su voz grave y rota que, tal vez perdiera fuerza tras años de darle duro al alcohol y las drogas, pero que ha ganado en corazón, en profundidad.
Casi todos los cortes de "A secret life" son de una total introspección, quizá hasta lúgubres -no obstante, el músico oficial de David Lynch, Angelo Badalamenti, es el principal compositor aquí-, pero eso, antes que ser un handicap o una invitación a la depresión, resulta ser la grandeza del disco. ¿O acaso Badalamenti ha hecho algo indigno o menor alguna vez?
"A secret life" recuerda a los ambientes de un viejo café parisino por momentos, uno de esos llenos de humo y con un pequeño y decadente escenario. Esto no es música para bailar, no es música para pasar el rato; las historias y los sonidos aquí desgranados merecen ser degustadas en soledad, en paz; es un viaje al crepúsculo, entre el sueño y la pesadilla.
Además de la instrumentación clásica, de las guitarras, el bajo o la batería, Angelo introduce todo tipo de combinaciones: trompetas y clarinetes, flautas y mandolinas, violines... Algunos de los temas tienen detrás a una orquesta en toda regla, pero sin forzar la máquina, sin sobreproducir a la verdadera protagonista: la voz de Marianne y toda la carga vital que trae consigo. Ella sí que puede confesar que ha vivido, y que ha bebido. Que ha tocado las cimas más altas y ha besado el lodo en el más profundo de los pozos. Por suerte, ha sobrevivido y sigue en la brecha haciendo posible que discos como este crezcan dentro del oyente, escarben un pequeño hueco en tu cabeza y ya nunca salgan de ahí.
Dejemos que sea la propia Marianne quien epilogue estas líneas con los mismos versos que cierran el álbum:
La fiesta ha terminado
Como os dije, estos eran actores
Todos somos espíritus y nos disolvemos en el aire
como por arte de magia,
y como los falsos fundamentos de esta visión
Las torres cubiertas de nubes, los hermosos palacios
Los templos solemnes, el mismísimo globo
Sí, todo lo heredado ha de desvanecerse
y como este espectáculo insustancial
no ha de dejar tras de sí ni sus ruinas
Somos el material del que están hechos los sueños
y nuestra pequeña vida se completa
cuando nos vamos a dormir.
_texto: Jon Evangelista.
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