
(Rusia, 2007)
Al debutante en esto de la dirección, Ivan Vyrypayev, le sucede, en cierto modo, como a aquel adolescente de "American Beauty" que, al ver cómo una bolsa de plástico se mecía a merced del viento, sentía que no podía soportar tanta belleza en el mundo. Y quizá Vyrypayev tenga más motivos para la embriaguez que el vecino fumeta de Kevin Spacey, porque al menos el ruso tiene por delante la tundra rusa en todo su cromático esplendor y no una bolsa de PRYCA; sin embargo, los efectos de su embriaguez preciosista le han llevado a entregar una cinta imponente en lo visual, pero con unos asideros argumentales francamente endebles. Es la suya una historia de amor y celos sin cómos, sin cúandos y sin porqués en la que continuamente deja a un lado a los pocos personajes que ha fabricado para entregarse a la mera contemplación paisajística. De ahí a la aparición de una pizpireta y saltarina jovencita preguntándose "a qué huelen las nubes", va sólo un paso.
Como vehículo de relax o colorterapia, "Euphoria" no tiene precio. Como ejemplo de lo que, más o menos canónicamente, debe ser una película, el trabajo de Vyrypayev flojea y llega a hacerse harto cargante, incluso a pesar de sus escasos 70 minutos de metraje.
Dejaremos para otra ocasión el dilucidar si esa escena final con barca y cadáveres incluida es mero saqueo del cierre de "La Isla", de Ki-Duk Kim, o sólo una coincidencia al 99%.
Enrique Campos
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