TRIÁNGULO DE AMOR BIZARRO

"Franz Ferdinand tienen de frescos

lo que el pescado en Madrid"

 

 

Procedentes de La Coruña , Triángulo de Amor Bizarro acaban de publicar su primer disco a través del sello Mushroom Pillow. No han necesitado mucho tiempo para ganarse el rótulo de «revelación del año». En sólo dos semanas han cosechado excelentes críticas, algunas de las cuales califican este debut homónimo como el mejor en España desde Super 8 de Los Planetas. El trabajo rebosa actitud, provocación, decibelios e incorrección política.

 

 

Pregunta.- La coincidencia con New Order parece sólo nominal. ¿Qué tienen de ochenteros?

 

Respuesta.- Pues nada de nada. Está claro que nos gustan algunos grupos de los ochenta, pero es una casualidad temporal. No creo que grupos como My Bloody Valentine o Pixies definan el vulgar sonido de los ochenta. No nos sentimos identificados con esa década, más bien todo lo contrario. Esperamos no tener nada que ver con La Movida , los yuppies o Duran Duran. Además, durante los ochenta éramos niños, lo que nos influía era el libro de la pera.

 

P.- After-punk o post-punk, ¿cuánto hay de revival y cuánto de protesta en lo suyo?

 

R.- Es muy artificial aplicar las teorías de Darwin a los estilos musicales. Nos gusta Joy Division, vale, pero nos influye más nuestro pasado en la aldea. Intentamos ser naturales. Desde luego, lo que no hacemos es cortarnos y sonreír a la cámara, pero tampoco fruncimos el ceño a propósito.

 

P.- ¿Tan inseguro está el panorama musical como para salir con navaja?

 

R.- Peor. En cuanto a calidad y número de grupos, estamos casi mejor que nunca, pero normalmente suele haber otros que desvían la atención sobre lo verdaderamente interesante. Estamos hartos de la bola que se le da a los nuevos grupos de britpop. Porque no nos engañemos, Franz Ferdinand tienen de frescos lo que el pescado en Madrid. Y para eso nos quedamos mil veces con Pulp. Es que parece que la prensa no aprende.

 

P.- Triángulo de Amor Bizarro es un debut sin tibiezas, abrumador por su confianza. ¿Tenían las ideas muy, muy claras?

 

R.- Pues sí, desde el principio. Lo que pasa es que hemos tenido que aprender a tocar por el camino, y en eso seguimos. Además, por el medio hemos construido un cubo gigante de hierro y moqueta que nos sirve de local de ensayo, el Taller Electrónico. Una vez hecho, ya no hay vuelta atrás.

 

 

P.- Las críticas están siendo buenas con unanimidad, ¿eso es bueno o malo?

 

R.- Hombre, es bueno, claro. De todas formas, conocemos la prensa especializada de este país y sabemos que realmente no significa nada. Eso se verá con el tiempo.

 

P.- No parecen comulgar mucho con la beatitud indie de los últimos años.

 

R.- Ahora la palabra indie está muy prostituida, hasta suena a horterada, y no nos extraña. El concepto se ha perdido por completo. El viejo concepto de aberrar y asustar a la parroquia se sustituye por otros como «gustarás a tu padre y a tu madre», y «te pondrás el peinado de Rod Stewart». Una mierda, vamos.

 

P.- El pánico ha sido muy socorrido en el teatro, ¿TDAB lo explotan en la música?

 

R.- El miedo no está, artísticamente, lo explotado que debería. Cada época está motivada por una pulsión primaria determinada. Está claro que el 68 fue el verano del amor, ¿no? Pues ahora estamos en el verano del miedo. No hace falta dar detalles, no tiene sentido que la música pop, que siempre ha descrito la realidad mejor que cualquier otro arte, esta vez mire hacia otro lado.

 

P.- Se rumorea que en los directos ponen a prueba el voltaje de las salas.

 

R.- Realmente no es para tanto, pero los dueños de las salas no piensan igual. Creo que cada grupo tiene que tocar a un volumen determinado. Nosotros necesitamos un nivel, digamos, elevado para sonar. Pero es normal, lo que pasa es que hay gente que eso no lo entiende. En el Café La Palma , en Madrid, lugar al que no pensamos volver si no es con una antorcha, nos llegaron a recomendar que pusiésemos un trapo en la batería, que daba el medidor del Ayuntamiento. Si no, nos quitaban las voces. Así fue.

 

 

P.- ¿Y qué pasó?

 

R.- Dimos el concierto sin voces porque a los señores mesoneros se les ocurre organizar conciertos sin estar su mesón capacitado para ello. Eso sí, nos preocupamos de que todo el público supiese quién les estaba cobrando una exageración por las copas sin dejarnos ofrecer el espectáculo completo.

 

P.- También tienen fama de haber enviado las maquetas más curradas de España. Y la industria está en crisis, ¿mejor combatirla poniéndole cariño?

 

R.- Realmente, a nosotros la industria nos importa más bien poco. Con industria nos referimos a las grandes discográficas que se han metido la gran hostia con el formato CD por querer vendernos lo mismo de siempre pero mucho más cutre, más caro, y contando con que la gente no se lo iba a copiar teniendo los medios.  Lo que se dice una gran estrategia de marketing. Las discográficas independientes están en otra liga. Tienen una visión más realista del mundo de la música. Si lo haces porque te gusta, te salen las cosas mejor que si lo haces sólo para ganar dinero. Si ofreces calidad y no engañas a la gente, la supervivencia está asegurada.

 

P.- Entre la primera maqueta de Siniestro Total y la de Triángulo de Amor Bizarro media un cuarto de siglo. ¿Cómo valoran la evolución gallega?

 

R.- Pues como un gran desierto. Siempre hubo alguna cosa, pero en Galicia no se le prestó nunca la menor atención. Es el caso de Dar Ful Ful o de los grandísimos Apeirón. Ahora dicen que hay escena indie y todo eso, pero no nos lo creemos.

 

 

 

Eduardo Tébar.

 

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