PAUL COLLINS

"Hacer una buena canción es el reto

más importante de mi vida"

 

 

Paul Collins es un personaje cercano, el rostro medio de la urbe, ese cliente fijo de un bar cualquiera. Seguramente ignora su grado de importancia en la historia del rock americano. En los setenta, afincado en Los Ángeles, inauguró la ola previa al punk con sus compañeros Jack Lee y Peter Case en The Nerves. Juntos fabricaron una valiosa colección de estribillos, hoy buscadísimos por los melómanos más pudientes. Más tarde creó The Beat, firmando en 1979 el que para muchos es el mejor disco de power-pop de todos los tiempos. Siempre a la gresca con las grandes discográficas, llegó a España de casualidad en plena Movida. Desde entonces vive a caballo entre Madrid y Nueva York. En nuestra capital ha producido a diversos grupos e incluso regentó un pub hasta hace poco. «Gracias a Dios lo he dejado, casi me mato, yo soy músico». No es lo único que celebra: con Flying high (Lucinda Records, 2005) retorna al mundo de los vivos.

 

Pregunta.- ¿Por qué ha esperado doce años para publicar un disco?

 

Respuesta.- ¡Uy, uy, uy! Te lo digo en serio: por la vida. En este tiempo ha crecido un niño. Hay épocas de la vida en las que se escapa todo. Gracias al rock n' roll estoy de vuelta, ¡estoy súper contento!

 

P.- Tan contento, tan contento, que lo celebra como si fuese el primero.

 

R.- De alguna manera sí porque el primer disco de cualquier grupo es un momento muy especial. Al empezar éste, después de tanto tiempo, debía andarme con ojo. La gente se fija en lo que Paul Collins tiene que decir. Trabajé con mi guitarrista, Octavio Vinck, en el salón de mi casa. Nuestro nivel de autocrítica era muy alto, queríamos doce o trece temas de gran calidad. Lo que pretendemos transmitir es que tenemos alma para hacer música. Entiendo mi camino en el mundo musical como un fan. Por eso he grabado el disco en casa, para que sea sencillo y honesto. Si la canción tiene algo, hay que dejarlo salir sin trucos en el estudio. Somos cuatro tíos tocando, que es lo que nos gusta hacer.

 

P.- ¡Lo grabó en el salón de su casa! ¿No le denunciaron los vecinos? Cuente, cuente.

 

R.- Tengo una suerte enorme. ¡Toda la gente en mi casa es fan de mi música! Es algo que no sabía. Una vecina francesa me dijo: « Haz lo que tengas que hacer » . He puesto sus nombres en el disco. Esto me recuerda lo de la primera grabación, porque cada disco que grabas es como una partida de cartas. Nunca sabes lo que va a pasar.

 

P.- ¿Ha cambiado mucho la música en España desde que usted llegó en 1980?

 

R.- Esa época en España era maravillosa. Ha pasado mucho tiempo (risas), no puedo decir más.

 

P.- Lapido le rememoraba hace unos días en un artículo. ¿Recuerda aquel encuentro con 091 a mediados de los ochenta?

 

R.- ¡Claro! 091 eran amigos míos. Hace muchísimos años hice una jam session con el grupo original en su local.

 

P.- Entonces, ¿se acuerda?

 

R.- Fue fabuloso. Hay cosas que permanecen claras en la mente.

 

 

P.- A partir de cierta edad, ¿cómo se aplica uno lo de sexo, drogas y rock & roll?

 

R.- Como puedo (risas). Rock n ' roll, mucho; sexo, cuando viene; y drogas, muy a menudo. En la vida tienes que tomar las cosas con calma y en el momento preciso, porque si te gustan, ya sabes.

 

P.- Ninguna tendencia pasajera le ha contaminado en estos treinta años de carrera. Desde sus comienzos va al grano, ¿la melodía es seducción?

 

R.- Hombre, yo soy fan de una buena canción. Esta idea lleva conmigo desde el principio. Me siento afortunado por haber trabajado con grandes músicos como Jack Lee, Peter Case o mis compañeros de The Beat. Hacer una buena canción es el reto más importante de mi vida, y no es nada fácil. Es un honor participar en un tema que realmente vale para algo. La mayor prueba de esto es el tiempo. Me siento orgulloso de que la gente escuche canciones que hice hace más de veinte años.

 

P.- The Nerves lo conseguían con canciones de dos minutos. ¡Lo que duraban las intros de los grupos sinfónicos de la época!

 

R.- Era nuestra reacción como músicos en aquel momento. Nuestro concepto iba en otra dirección. Lo bueno del mundo de la música es que incluye muchas cosas. Cada uno tiene su gusto y la música está para disfrutarla. Cualquiera te puede decir que hay cosas mejores que otras, pero sólo es su punto de vista. Es como una mujer que para uno es guapa y para otro es fea. Si estás con una mujer que para ti es guapísima, todo sale bien. Bueno, depende de la mujer (risas).

 

P.- Al igual que Manfred Mann, ¿se gastaban más de lo que ingresaban en ropa?

 

R.- Para nosotros el aspecto era bastante importante. Los Nerves comprábamos unos trajes que valían una fortuna, cuando no teníamos dinero ni para comer. Luego veía a grupos destrozando sus equipos y no lo entendía.

 

P.- ¿Es cierto que llegaron a donar sangre para comer?

 

R.- Sí, en ese momento no teníamos ni un duro. Todos hacemos cosas a los diecisiete años de las que renegamos cuando somos mayores.

 

P.- Nadie apostó un dólar por el grupo, pero Blondie versionó Hanging on the telephone convirtiéndola en un éxito rotundo. ¡Jack Lee ganó doce millones de dólares como autor! ¿Cuántas veces se ha acordado del momento en el que la firmaron?

 

 

R.- Más de las que puedo contar (comenta resignado y con una rapidez autómata). Y hace poco también la versionaron Def Leppard en su último disco, ¿lo sabías?

 

P.- ¡Qué barbaridad! ¿Es usted un talismán?

 

R.- En California formé parte de la sección rítmica de Chris Isaak, era fabuloso. Trabajé con Cyril Jordan (Flaming Groovies), Jeff Trott (Sheryl Crow), Check Prophet (Green on Red).

 

P.- Recibió una formación clásica en Nueva York. ¿Cómo pasó de Stravinsky al punk?

 

R.- A los diecisiete años hacía mi último curso en la Juillard School of Music de Nueva York, que es una escuela muy famosa y con mucho nivel. Entonces tenía claro que no quería hacer eso, sino tocar rock n ' roll . En California encontré a Jack Lee y a Peter Case y formamos The Nerves.

 

P.- Hay quien no lo ve claro, ¿qué diferencias encuentra entre el punk americano y el europeo?

 

R.- Los ingleses eran más profesionales, sabían que triunfando saldrían de su situación económica. En Estados Unidos los grupos tocaban más por diversión. Esta cuestión es un poco complicada (medita). La excepción eran los Ramones, con los que hicimos varias giras. Se lo tomaban muy en serio, siempre practicando y escribiendo canciones.

 

 


Eduardo Tébar.

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