luis arronte

"Mis canciones se hacen a partir de la carne"

 

 

 

Nació en Madrid hace 27 años, creció en Málaga y trabaja en Granada. Periodista y músico, Luis Arronte acaba de publicar Sólo ida, su primera colección de canciones. Un trayecto emocional, entre el cantautor folk y el roquero bragado, que lanza a través del sello granadino El Ejército Rojo. A pesar de que el álbum cuenta con una envidiable nómina de colaboradores -el prestigioso violinista Diego Galaz y figuras de Los Planetas o Lori Meyers-, Arronte lleva mucho tiempo tocando por la ciudad con su pinta de alemán y la guitarra a cuestas.

 

 

 

 

Pregunta.- Le hemos visto, guitarra acústica en mano, por todos los garitos de Granada. ¿Es muy diferente el 'Luis Arronte grupo' del 'Luis Arronte solo'?
Respuesta.- El grupo se acerca más al concepto del disco. Esto es, los cambios, ciertas armonías, arreglos, distintas intensidades... De todas formas, en el concierto se pueden ver las dos facetas, de la más roquera a la más solitaria. En grupo se disfrutan mucho las dinámicas entre los miembros. En solitario uno se recrea más en las canciones. Supongo que es cuestión de gustos.

P.- En cualquier caso, ¿cree en esa máxima de que guitarra y voz son la prueba del algodón para saber si un tema es bueno?
R.- Sí, sigue siendo mi máxima. Es algo que descubres cuando interpretas en casa con la guitarra las versiones de otros y descubres cuáles son los matices, las aristas, los detalles, y también el esqueleto de esos temas. Un arreglo puede salvar un tema mediocre, claro. Y es difícil captar la atención con sólo una guitarra. Pero, en mi concepto, mi plan, las canciones se hacen a partir de la carne. Luego vienen las salsas, las especias y las guarniciones.

P.- Canciones que acunan con intimismo y sensibilidad. ¿Se considera un músico de folk a la manera vigorosa de norteamericanos como Wilco o Cat Power?
R.- No sé si aventurarme. No por nada, es que le tengo respeto a la etiqueta folk. Adoro a Wilco y a Cat Power, son dos de mis referentes máximos. Pero no adopto sus formas de manera estricta. Si lo hiciera, todo sería demasiado claro, no habría dudas. "Al fin y al cabo, alguien que duda no ha matado nunca a nadie", he leído en algún sitio. Tampoco hay que asociar el folk al intimismo, no tiene por qué ser así. Esos grupos son los que más me importan, pero también tengo otras raíces, que tienen que ver con el sitio en el que me he criado y el tiempo que me ha visto crecer.

P.- Abrió para Los Planetas en sus recientes actuaciones por la geografía española. ¿Cómo se desenvolvió ante ese gran público?
R.- Como pude... Eran grandes aforos, cifras de público que jamás había visto desde el escenario y que tardaré en volver a ver. Los fans de Los Planetas son, en su mayoría, críticos y con personalidad. Podía haberles gustado mi propuesta o no. En Alicante fue una experiencia alucinante, y eso que el disco aún no había salido a la venta. Lo recuerdo como una sucesión de frases y hechos dulces. Gusté, y no hay nada mejor para alguien que actúa. En Galicia el disco ya se conocía y todo me supo más agridulce, en parte porque creo que me sentí menos seguro, aunque se cumplieron los objetivos.

 

P.- Mucha responsabilidad para un debutante. y solista.

R.- Lo más duro fue tocar en solitario cuando esas salas y esa cantidad de gente requería haber ido con la banda. Estoy indisolublemente asociado a Los Planetas, y se lo agradeceré toda mi vida. Pero me molesta mucho que la gente me utilice para llegar a ellos. Yo no soy así. El disco se está vendiendo bien y eso ayuda bastante a mi identidad.

P.- Sólo ida, ¿con destino definido o, como Fernando Fernán Gómez, en un "viaje a ninguna parte"?
R.- Cuando un viaje es de Sólo ida debe estar definido, creo yo. Llevo cuatro años viviendo en Granada y va para largo. Al menos, eso es lo que le he dicho a mi casera... Eso en cuanto a mi residencia. En cuanto al viaje que supone publicar un primer disco, ¿quién sabe? Puede que sea el único, puede que acabe desapareciendo con la publicación del segundo. En lo musical he sido bastante inquieto, y parece que he asentado la cabeza en lo acústico. Pero no puedo prometer nada y no lo prometo.

P.- ¿En Granada ha desatado su independencia?
R.- Mucho, en muchos aspectos. Ha sido una independencia integral. Aquí he comenzado a hacer las cosas desde cero, sin que nadie supiera a qué grupos había pertenecido, y en solitario, sin asociarme con las ideas de nadie. Además, Granada tiene un carácter muy fuerte, a veces duro, pero siempre sincero. Y su día a día es enriquecedor.

 

P.- Dice que aquí encontró una universidad del rock.

R.- Aquí hay historia, tradición y público. La UGR debería pensar en crear una cátedra de rock en Granada. Mi contacto ha sido, fundamentalmente, con lo que vamos a llamar los 'estudiantes' de dicha facultad, que son muchos y aplicados. Los 'maestros' están ahí y siempre se puede aprender de ellos, de cualquier anécdota o recomendación que sueltan entre tapa y tapa. En Málaga no encontré jamás nada parecido a este ambiente.

P.- Participó de forma improvisada en el último concierto de Jon Auer en Planta Baja. ¿Fue uno de esos sueños que ha cumplido por estas calles?
R.- Por ejemplo, sí. Uno de tantos que han ocurrido en menos de un año. Siempre tuve cintas de los Posies en el walkman. Coming right along es una canción que siempre me ha erizado la piel. Él ya tenía planeado subir a alguien al escenario para hacerle aquel arreglo, pero como nos habíamos conocido, me llamó a mí. Más que aquella colaboración frugal, lo que valoro es lo que pude aprender de él, cómo se organiza las giras, cómo escribe las letras, cómo se enfrenta al público...

P.- También está en el otro lado de la moneda, el de la prensa. Conocer las dos caras del oficio, ¿le ha suavizado como crítico?
R.- Sí, lo reconozco. Muchos críticos prefieren ignorar el trabajo añadido a la inspiración a la hora de valorar un disco. Al estar a un lado y otro de la barra le ves el lado bueno a todo, te das cuenta de lo que cuesta sacar una idea adelante. Quizás sea demasiado respetuoso con el trabajo ajeno. Lo que sí puedo sentenciar es que no soporto la pedantería, el trasfondo cultural e intelectual con el que muchos disfrazan sus canciones. Son canciones, es rock and roll, nada más. Tampoco aguanto que un artista crea estar revolucionando el mundo de la música. Un artista de verdad tiene una lucha interior, una duda permanente, que en realidad le ayuda a seguir mejorando. Y a no matar a nadie.

P.- Sinceramente, ¿es cierto que los periodistas musicales son músicos frustrados?
R.- No, no todos. Hay casos, claro, pero la gran mayoría son melómanos, sencillamente. Creo que esa paradoja se da más en el mundo del cine. Lo que sí hay es periodistas musicales en perpetua búsqueda del momento histórico, de presenciar un instante que pasará a la posteridad. Yo dejé de buscarlo hace tiempo. Creo que un músico frustrado jamás se torturaría a sí mismo viviendo la música desde fuera. Pero me puedo equivocar.

 

 

 

Eduardo Tébar.

 

©2007 paisajeseléctricos