LE PUNK

"Somos más bastardos que castizos"

 

 

Le Punk surgió en las entrañas de Madrid en el año 2000. Tras un aclamado primer disco y un Ep dedicado a la figura de Carlos Gardel, esta formación de rock multicultural publica No disparen al pianista (Virgin, 2006). El segundo largo puede ser la catapulta definitiva para una banda condenada a gustar al gran público. En vivo caen bien, como cuenta su cantante y guitarrista Alfredo Fernández Alfa , imprimiendo a su base rocanrrolera elementos de swing, tango o polca. Próximamente actuarán en Madrid (9 de marzo), Mérida (17 de marzo) y Málaga (10 de abril).

 

 

Pregunta.- Tienen muy poco de punkies para llamarse Le Punk.

 

Respuesta.- El nombre viene de una broma de barrio. Yo tenía un pubeto en la Alameda de Osuna, que es el sitio en el que vivimos todos. Era un bar de parroquianos muy tranquilo donde siempre paraba la misma gente, a la que llamábamos por su nombre. A los punkies les apuntábamos las cervezas como «le punk». Nos lo quedamos porque nos parecía gracioso anteponer el término finolis en francés.

 

P.- La logia de la canalla (2003) recibió buenas críticas, pero en el vodevil de los directos ampliaban las sonoridades del disco. ¿Se han planteado mejorar ese aspecto?

 

R.- El primer disco lo autoprodujimos, y eso es un proceso arduo y caro. Para este segundo nos queríamos centrar más en las canciones y en la búsqueda de un sonido. Necesitábamos a alguien que hiciese el curro de compañía. Aparte, Virgin se interesó por nosotros. También nos tuvimos que adaptar a la nueva situación tras algún cambio de miembro.

 

P.- Abandonan el estatus de independientes y pasan a una multinacional. ¿Qué ventajas y diferencias hay?

 

R.- El movimiento indie está asociado a una estética musical porque, a la hora de crear determinados discos, es más sencillo meterte en un estudio pequeño con buenos micros, unos amplificadores decentes y un poco de cariño. Con eso haces un disco de pop-rock chulo. Nosotros grabamos pianos, acordeones, saxofones, trompetas, clarinetes o mandolinas que suenan de verdad. Es algo que conlleva tener pasta, alguien que pague esa factura. Así fue como lo hicimos y ha sido un desahogo porque no es una compañía intrusa a nivel artístico.

 

 

P.- Toda esa fanfarria funciona, de Le Punk se ha llegado a decir que es el grupo más divertido del mundo.

 

R.- Resultamos muy divertidos en directo. Creo que es porque caemos simpáticos. Nuestro objetivo es divertir a la gente divirtiéndonos nosotros. No hay artificio en lo que hacemos; nos tratamos a nosotros mismos con mucho sentido del humor y muchas veces nos reímos de la propia condición del músico, que parece obligado a cierto glamour. El sentido el humor es muy importante si te quieres tomar en serio. Que la gente sonría cuando tiene que reírse y que se emocione cuando tiene que emocionarse es el pilar básico del oficio del músico.

 

P.- ¿De dónde les viene la afición tanguera?

 

R.- De las letras, de las canciones tremendas que tienen una carga emotiva. La mayoría de las veces te enganchan en un momento de tu vida en el que estás para eso por alguna ruptura o por lo que sea. Con el tiempo descubres que esas canciones forman parte de momentos de todo el mundo. Todos nos hemos sentido abandonados alguna vez, como esos dramas de los que hablan los tangos.

 

P.- ¿Y la conexión balcánica?

 

R.- Del cine. Nunca le había prestado mucha atención hasta que vi Gato negro, gato blanco , de Kusturica. Me quedé flipado por su manera musical. En Occidente tenemos la tendencia de las escalas. La escala mayor es siempre divertida y la tocamos rápido. La menor es triste y la tocamos lenta. Pero los gitanos de Rumanía o Yugoslavia tocan escalas rápidas a toda hostia con instrumentos orgánicos, o sea, con bajos o tubas que crean el efecto de un bombo. Hacen música para destrozar, para bailar y emborracharse con los amigos. Es otra cosa que me interesa de la música también: pasármelo bien y emborracharme con los colegas (risas).

 

 

P.- No es la primera vez que unos roqueros madrileños se acercan a estas músicas. ¿Malevaje sentó un precedente?

 

R.- Lo de Malevaje es una de esas piruetas que pasan de vez en cuando sin tener mucha explicación. Antonio Bartrina era un tío que pululaba por Madrid en la época de Los Pegamoides y toda La Movida. De repente, se le cruzó un cable y decidió que quería hacer tangos: juntó a varios músicos de rock, pero la motivación última era suya.

 

P.- Bartrina ha sido colaborador de Le Punk, y supongo que también confidente.

 

R.- Cuando vino al estudio para grabar una colaboración en nuestro disco le pregunté: «¿Cómo es posible que en el Madrid de Almodóvar y Pepi, Luci, Bom que nos pintan te diera por cantar tangos?». Me respondió que en aquella época la gente escuchaba lo que le daba la gana. Eran mucho más abiertos escuchando música que la gente de ahora. Además, España siempre ha tenido una conexión importante con Argentina desde Moris o Tequila. Ellos han marcado la evolución del rock español. Es increíble la cantidad de grupos que suenan a Los Rodríguez o a Calamaro. El primer músico de afuera al que vi fue un argentino, y eso creo que me marcó también.

 

P.- Así que ¿lo valiente no quita lo castizo?

 

R.- ¡Ja, ja! Realmente, no somos todos madrileños. Madrid es más nuestra madrastra que nuestra madre. Somos más bastardos que castizos.

 

 

 

Eduardo Tébar.

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