Federico García Lorca volvió de América asombrado por la conexión que vislumbró entre los negros de Harlem y los gitanos de Andalucía. Algo parecido le sucede a Jerry González, el trompetista más solicitado del jazz latino desde que la película de Fernando Trueba 'Calle 54' le catapultó a la fama. Hace 57 años nació en Nueva York este aparente filibustero de conversación hilarante, criado en el Bronx, que lleva ya algo más de un lustro residiendo en España, donde se mezcla con músicos de toda índole para estudiar la universalidad del flamenco. El "pirata" Jerry González, que afirma cantar con la trompeta, presenta estos días 'Music for a big band' (Universal, 2006), su segundo disco grabado en nuestro país.
Pregunta.- Compás andaluz y jazz, ¿cómo se come eso?
Respuesta.- Es una chispa que ha ido hacia ese lado desde que llegué, afectando a todos los amigos que he encontrado. ¡Después de seis años que llevo aquí ya tienen la clave! Ahora hay un lenguaje común. El flamenco aprende del guaguancó y ambas cosas se combinan. Lo que sale está muy rico (sonríe).
P.- Está apareando la música afrocubana con aquello que Miles Davis llamó 'esbozos flamencos'.
R.- (Carcajada) ¡Claro que sí! Un plan para el futuro sería hacer otro 'Sketches of Spain'. Llevo seis años viviendo en Madrid y viajando por toda España. Estoy conociendo a muchos músicos de Cádiz, Málaga, Barcelona. Es como un banquete musical en el que todos se mezclan y aprenden la lengua rítmica común.
P.- Así que no va mal encaminado Chano Domínguez cuando habla del 'new flamenco sound'.
R.- Yes, claro. (repite sus carcajadas).
P.- En otras músicas los artistas se dejan los sesos en busca de la fórmula mágica, pero usted investiga con las melodías de toda la vida: las de Charles Mingus, Wayne Shorter.
R.- Son mis compositores favoritos y son temas de toda la vida. Me gusta tocarlos y aprender a la vez. Los temas bonitos te enseñan belleza.
P.- ¿Y qué opina del reggaeton?
R.- ¿Reggaeton? No hablo reggaeton (otra carcajada). Es bueno para que los jóvenes que no saben de música meneen el culito. Tienen que evolucionar a gourmet , porque como sigan comiendo McDonalds se van a joder.
P.- Entre idas y venidas del Atlántico tropieza con el tango. ¿Qué sensaciones tuvo con Calamaro?
R.- Con Calamaro fue como combinar el jazz con un rock and roll cazurro de Frank Zappa. Hice un tango con él y hasta un flamenco electrónico. Cuando fui a su casa grabamos quinientas pistas de música.
P.- Su currículo da vértigo. Ha tocado con Dizzy Gillespie, Paquito D'Rivera, McCoy Turner, Jaco Pastorius. ¿También entiende la música como un aprendizaje continuo?
R.- Yo soy un cocinero, si hago entrevistas ¡se me quema todo!, (empieza a cansarse). Aprendo todos los días. Si no pudiera aprender me retiraría.
P.- El día 11 nos trajo terribles recuerdos. Usted lo vivió de cerca, ¿a qué suena la Nueva York que ha quedado?
R.- De vez en cuando vuelvo para tocar y no la reconozco. No es la ciudad que era mía. Cuando voy a los barrios donde vivían mis amigos no conozco a nadie. Ya no estoy cómodo en Nueva York, la policía ahora es amenazante. Tienes que parecer un turista: ellos no molestan. Pero si tienes mi pinta no te dejan en paz. Aquí hay más libertad que en América, y eso que supuestamente es la tierra de la libertad.
P.- Cuando usted empezó, en los sesenta, el jazz en Nueva York estaba peligrosamente salpicado por las drogas. ¿De qué manera le ha afectado?
R.- Bueno, todavía estoy aquí, ¿no? (carcajada). Eso no es sólo en el jazz; en el flamenco lo tienen también... Como se suele decir, (teatraliza) "es alterar la conciencia para que podamos ver más". Hay otras cosas que te ponen a dormir y te cierran la conciencia.
P.- Desde fuera se aprecia una disociación entre los ambientes de jazz latino y la nueva generación de los Brad Mehldau, Joshua Redman, Avishai Cohen.
R.- Muchos de ellos eran estudiantes míos. Avishai Cohen quería saber lo del bajo latino y vino a mis clases en la New School de Nueva York. Por ahí también pasó Brad Mehldau, ¡estaba en la casa de mi hermano Andy! Están en camino pero aún no están 'maduricos', todavía les falta mucho. Necesitan recuperar el tiempo que están gastando en promoción, por lo menos diez o quince años más.
P.- Hablando de la familia, ¿qué cocina ahora con su formación de siempre, la Fort Apache Band?
R.- He estado con ellos durante veintidós años, siempre con los mismos integrantes. Los que no siguen es porque murieron. John Stubblefield, Carl Jefferson, Frankie Rodríguez. eran buenos rumberos que estaban en la familia Apache. Pero seguimos adelante. En marzo hicimos un disco de homenaje al gran baterista Art Blakey, que era un abuelo para nosotros. Se llama 'Rumba pa Buhaina'. Algo caribeño, tú sabes... Estoy buscando una compañía para licenciarlo en España.
Eduardo Tébar.
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