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"Ahora buscamos más intuición y menos oficio"

 

 

 

Quién las ha visto y quién las ve. Dover sigue siendo la banda de las hermanas Llanos. Aunque poco queda de las chicas que, con camisa de leñador, emulaban a Kurt Cobain y triunfaban tocando 'grunge' en los noventa. En su nuevo trabajo, Follow the city lights, se pasan al electro-pop. Transforman diametralmente su concepto musical y lucen modelos del diseñador Martín Merlo. De la nieve de Seatle al calor de la pista de baile. Un giro con resultados mastodónticos. Llevan más de 120.000 ejemplares vendidos, superan las 200.000 descargas digitales y han ganado tres Premios de la Música. Pero hay cosas que nunca varían: Dover no cuajan en suelo guiri. "Hace tres años, nuestra aventura fue ir a tocar a Londres, en unas salas muy pequeñas", señala Amparo Llanos. Sin embargo, ahora tienen jóvenes fans en España, donde no son pocos los que ven en este 'cambio radical' una oportuna estrategia de comercio.

 

 

Pregunta.- Cuánto malpensado, ¿no?

 

Respuesta.- Desde que publicamos Sister, nuestro primer disco, hemos hecho música con vocación de llegar al público. Queremos que la gente se compre nuestros discos y vaya a nuestros conciertos. Unas veces hemos tenido más suerte y otras hemos vendido mucho menos. Todo el mundo tiene derecho a opinar lo que quiera.

 

P.- Las grandes estrellas del 'grunge' nacional saltan a la pista de baile. Como decían aquéllos, ¡hace falta valor!

 

R.- Hacemos las cosas con valor y convencimiento, sin pensar en otras consecuencias que no sean las creativas. No tenemos tanto que perder. Durante el proceso, creíamos que se nos estaba dando bien, que creativamente estábamos logrando mucho. Lo que queríamos era enseñárselo cuanto antes a la gente. Que sean ellos los que opinen.

 

P.- ¿Por qué dan este paso?

 

R.- Cuando empezamos a componer el disco anterior, The flame, nos dimos cuenta de que, creativamente, estábamos cerrando una fase. Nos apetecía probar cosas nuevas para retarnos. Queremos demostrar que podemos seguir cubriendo cosas. La fórmula para componer y arreglar las canciones estaba anquilosada. Teníamos demasiado oficio y poca intuición. Ahora buscamos más intuición y menos oficio. Lógicamente, si nos aburrimos nosotros, el público también se aburre.

 

P.- ¿Pero Dover no eran los de "Dj, don't do this to me!"?

 

R.- Era una canción muy personal sobre una persona concreta. Nunca hemos tenido nada contra los Dj's. Hemos bailado miles de veces en miles de discotecas.

 

P.- Rompen con lo hecho a lo largo de diez años. ¿Es como empezar de cero?

 

R- Así nos sentimos al hacer el disco. No teníamos la idea de "vamos a hacer rock súper cañero", sino la de hacer canciones muy pop y muy de pista de baile, algo nuevo para nosotros. Al salir el álbum, nos ha descubierto un público joven que antes no sabía ni quiénes éramos. Esas cosas nos hacen sentir como si estuviéramos empezando otra vez.

 

P.- ¿Cómo suenan sus temas de siempre en este nuevo formato?

 

R.- Todas nuestras canciones antiguas se han convertido en temas de baile, ¡de arriba abajo! (risas). Es muy curioso, porque algunas le sorprenden muchísimo a la gente. Unas han quedado muy cañeras y otras menos, pero todas han cambiado mucho. Este invierno nos hemos dedicado a renovar canciones antiguas. Nos gustan mucho y queremos que tengan coherencia con el resto del concierto.

 

P.- Vivimos una etapa en la que hasta los grupos de rock se empeñan en ser carne de discoteca. La moda está ahí: Franz Ferdinand, Bloc Party, Radio 4, The Rapture. ¿También Dover?

 

R.- Entramos en corrientes sin darnos cuenta. Nos pasa a casi todos los artistas. Hace cuatro años nos hubiese parecido imposible hacer un disco así. Sin embargo, llegamos a finales de 2005 y la idea encajaba perfectamente. Nos apetecía un montón. Inconscientemente, nos metemos en esas corrientes de cosas que van pasando.

 

P.- Hace una década querían sonar como Pearl Jam. Ahora, supongo que por la presencia femenina, se les compara con Peaches o Madonna. ¿Se ven entre tanto terciopelo?

 

R.- Ahora mismo, sí. Cristina está saliendo a tocar muy aterciopelada bastantes veces (risas).

 

P.- Entonces, ¿quedaron atrás las camisas de cuadros?

 

R.- De momento, sí. Estamos totalmente inmersos en nuestro mundo de discoteca con luz y color. Tenemos apartada la camisa de cuadros, aunque igual nos la ponemos algún domingo por la tarde en casa (risas).

 

P.- Y han dejado de ser la eterna revelación salida del territorio 'maquetero' para convertirse en revelación del politono.

 

R.- El artista debe hacer lo que quiera y, luego, dejarse llevar por el signo de los tiempos. Nosotros nos dejamos llevar. No nos importa que se vendan menos discos en las tiendas mientras explota el mundo digital. Igual que antes tenías una máquina de escribir en casa y ahora lo haces con el ordenador.

 

P.- ¿Qué hay de su historia de amor no correspondido con el mercado anglosajón?

 

R.- Es un sueño. El mercado anglosajón tiene muchísimos artistas y no cabemos todos. Seguiremos intentándolo, aunque en esta vida no se cumplan todos los sueños.

 

P.- En cambio, otros países, como Polonia, se están abriendo a Dover.

 

R.- Nos lo tomamos como una aventura increíble. Nos hace muchísima ilusión que el disco se edite en un país en el que nunca habíamos publicado. Con el mercado anglosajón no hay manera, pero si alguna vez pasa sería genial. Somos muy tenaces. Tenemos un público que nos quiere en España o Alemania. Tampoco hay que ser avaricioso.

 

 

Eduardo Tébar

 

 

 

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