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_La naturaleza agreste inherente a los paisajes australianos, empañada del lúbrico sentido femenino que adquiere Polly Jean Harvey en sus canciones bañadas de obscuro blues. Esa sería una somera descripción del sonido de Crystal Thomas, cantautora australiana con dos soberbios elepés a sus espaldas, que está a punto de desembarcar en España para una mini gira que la llevará el próximo 3 de julio a Barcelona (Bar Electric) y el 4 a Madrid (Wurlitzer). En ambos compartirá escenario con Mae Kurtz y Edith Crash en una tripleta de armas tomar. Con ella hablamos para conocer a la persona detrás de la artista –o viceversa- y despejar alguna que otra incógnita sobre la música del país de los canguros.
¿Cómo nace tu primer disco?
El primer disco lo compuse a lo largo de unos cuantos años en Melbourne, mientras trataba de hacerme un hueco en la escena musical de la ciudad tras haberme mudado desde Sydney. Siempre he estado mudándome de un sitio a otro así que tenía muchas experiencias de las que hablar, muchos lugares de los que extraer inspiración en Melbourne. He vivido en las montañas, junto al mar en St. Kilda, en Fitzroy, que es como una especie de ciudad dentro de la ciudad, con un aire muy cosmopolita. Tuve todo tipo de trabajos horrorosos, pero tenía que hacerlo para poder sobrevivir mientras mi carrera como músico se cimentaba de alguna manera.
¿Te resultó fácil grabarlo?
Cuando pude permitirme pagar las sesiones de grabación me puse manos a la obra con mi amigo Matt Walker, que hizo de productor y también co-escribió conmigo algunos de los temas. Siempre tiendo a usar mucho el La Menor cuando compongo, así que contar con un compañero le dió al disco un punto de variedad. [...] A través de esa amistad con Matt fue como conocí a Clare Moore, de The Moodist, que es quien toca la batería en ese disco. Claire es alguien super estimulante; siempre nos transmitía equilibrio y también mucho sentido del humor. Ese primer disco tiene una gran producción, le dedicamos mucho tiempo.
Sé que hay una bonita historia detrás del tema “No vacancy”...
Sí. La concebí como un dueto para cantarla con mi buen amigo Ian Rilen (Rose Tattoo, X, The Love Addicts) todo un ‘rock and roll outlaw, que por aquel entonces estaba luchando contra el cáncer. Pero murió antes de que pudiéramos grabar la canción, así que Clare me puso en contacto con Conway Savage, de los Bad Seeds, y grabé el tema con él. Me encanta cómo esa voz masculina tan crepuscular se yuxtapone a la dulzura melancólica de la voz femenina.
¿Qué es lo que más disfrutas del proceso compositivo?
Pues la verdad es que lo que más me gusta es escribir las letras. Me paso mucho tiempo dándoles forma.
¿Y qué tal fue colaborar con Mick Harvey?
Mick me pidió que hiciéramos un dueto, una versión del “Bonnie & Clyde” de Gainsbourg para un concierto benéfico en el que los dos íbamos a participar. Sólo tenía 24 horas para aprenderme la canción y estaba algo nerviosa en los ensayos, pero Mick no es en absoluto arrogante ni pretencioso. Me puso las cosas muy fáciles. Para él la música es una profesión, en el sentido más amplio de la palabra, y se lo toma todo con mucha seriedad y respeto. Con lo de ‘seriedad’ no quiero decir que sea alguien duro o estricto, sino que entiende que la música es una parte muy importante de la cultura, que puede ser exquisita, oscura o catártica, pero también puede tener agallas y humor. Es la persona ideal con la que hablar de todo lo que tenga que ver con la música.
Desde aquí se percibe una cierta aridez, una cierta crudeza implícita en el rock australiano. ¿Es sólo eso, una percepción, o es una característica real de los grupos de tu país?
Sí, definitivamente existe un sentimiento y un sonido típicos de la música australiana. De hecho, mis artistas favoritos son todos australianos. Es una sensación rara eso de haber llegado a conocer a la mayoría de mis héroes personales y haber trabajado con muchos de ellos, pero he tenido mucha suerte en ese aspecto. En cuanto a esa aridez y a esa crudeza, no estoy segura de qué es lo que lo provoca. Puede que sean las grandes distancias, los espacios abiertos... o que la mayoría de los primeros colonos blancos de Australia eran convictos. ¡Hay muchos criminales y forajidos en nuestro imaginario!
¿Cuándo empezaste a escuchar música ‘en serio’? ¿Cuándo se convirtió en algo más que un mero pasatiempo?
Siempre me he sentido muy atraída por el ritmo y las melodías. Cuando era niña me ponía a bailar en el salón con la música que ponían mis padres. Tenían buen gusto, así que crecí rodeada de muy buenos discos. Por otro lado, la música siempre era una especie de vía de escape hacia otros universos; puede llenarte de magia cuando la realidad te deprime. Recuerdo perfectamente que mis padres solían poner “The Good Son” de Nick Cave, yo debía tener unos diez años y me enamoré con el misterio y la teatralidad que emanaba ese disco. El duende, la belleza y la tristeza que contenía... Era mucho más emocionante eso que mis obligaciones cotidianas, como ir a clase de matemáticas y todo eso. La música le da emoción a la vida, le da misterio. Nos traslada a otros mundos.
¿Cuál es tu modus operandi a la hora de componer? ¿Qué proceso sigue la canción desde que le das forma a su esqueleto hasta que la grabas?
Normalmente empiezo por pensar en el tema de la canción, en la historia que quiero contar. Investigo mucho, busco la perspectiva adecuada y escribo un montón de material hasta que llega un momento en que ya doy con el enfoque que quiero. Primero llegan las palabras y después trato de encontrarles el envoltorio sonoro que mejor le vaya. Es así casi siempre. Por eso me gusta componer con otra gente, porque te da la oportunidad de ver tu historia a través de los ojos de terceros y eso puede enriquecer la canción. Por supuesto, componer sola también es divertido. Todavía no siento que sea ninguna maestra en esto. Siempre queda ese miedo a no resultar auténtica o a que la siguiente vez tal vez no seas capaz de hacer una buena canción. Hace falta tiempo para que la creatividad fluya. Es un proceso que te exige mucho, pero tremendamente gratificante cuando acabas y ves que tienes en tus manos la canción que querías. Esa sensación es muy especial; no hay nada que se le pueda comparar.
¿Qué hay del nuevo álbum?
¡Pues el nuevo disco está buscando un hogar! Recibí una subvención del gobierno, una ‘arts grant’ (beca artística. ndr) para hacer el disco. Ya hemos terminado de grabarlo pero aún no está mezclado ni masterizado. El anterior álbum era muy exuberante, muy poético, con muchas baladas, pero ahora quería soltarme un poco la melena. Tiene un tono mucho más rockero, hay más ritmo y más oscuridad. Los que lo han escuchado me han dicho que es incluso más intenso que el primer disco, que transmite una cierta sensación de caos, de rabia contenida. Quería que fuera una obra totalmente distinta. La producción es más minimalista, no hay tantos ‘invitados’ y lo co-escribí con varios miembros de mi banda a lo largo de cinco semanas de mucho trasnochar y mucho tequila. Lo han producido entre Matt Walker y Spencer P. Jones (Beasts of Bourbon), y muchos de los temas los co-escribí con Spencer. Ahora mismo, como te decía al principio, estoy buscándole un hogar, un buen sello que lo edite, así que debería publicarse pronto. Ya he lanzado el primer single, “La Tormenta”. Está en iTunes y en mi Myspace.
Entonces nadie debe esperar una secuela de tus trabajos anteriores...
Mi primer disco lo cantaba la chica con los ojos más tristes del mundo, una chica siempre a merced de un corazón demasiado travieso y que siempre acababa metiéndose en problemas. Conoce a un mago que la tienta con sus trucos y ella se queda prendada de ese ilusionismo. El nuevo disco es una secuela en cierto modo. Es el capítulo dos de esa historia. Esa chica tan dulce y tan triste a la que le gusta el peligro ha explotado y lucha contra sus demonios en este mundo caótico.
Parece que Australia es una auténtica cantera de grandes talentos que al final acaban cayendo en el olvido. Hugo Race sería uno de ellos. ¿Por qué esos artistas no acaban de asentarse?
Desde luego que somos una gran cantera de talentos. ¡Debe haber algo en el agua! Aunque por una razón u otra nunca obtienen la atención que merecen. Supongo que la razón es que no son artistas de usar y tirar, no hay fuegos de artificio ni peinados modernos. Son reales, y creo que en esta sociedad de consumo no se le da ninguna importancia a la música genuina y con sentimiento. Además, Australia está tan lejos de todo y somos tan pocos habitantes que es imposible que pueda sustentarse una escena indie.
¿La belleza es un handicap para una chica en el mundo del rock? ¿Tienen las mujeres que mostrarse el doble de duras en el mundillo para hacerse respetar?
Gran pregunta. Podría hablarte largo y tendido sobre esto. Esta industria es predominantemente masculina y por eso siempre trabajo rodeada de hombres, pero si surge algún tipo de atracción física tienes que andarte con cuidado, hay que ser profesional y no dejarte llevar por según qué situaciones. El machismo en el rock ahora es más sutil, pero sigue existiendo. Por ejemplo, en las bandas de tíos te encuentras la típica estampa de borracheras, habitaciones desordenadas, gente poco de fiar... y seguro que a nadie le parece que todo eso esté bien, pero a la gente le hace gracia ver a un chico jodiendo la marrana, poniéndose ciego o perdiendo un avión por su mala cabeza, pero si todo eso lo hace una mujer entonces todas las revistas hablarán de su mal comportamiento, que es una viciosa fuera de control... Supongo que a los hombres se les perdonan ciertas actitudes mientras las mujeres han de tener mucho cuidado con lo que hacen, porque las van a sojuzgar con mucha más dureza. Tienes que ser una superviviente, tienes que ser dura –sobre todo por dentro- si eres una mujer y te dedicas al rock.
Tu banda de acompañamiento son The Flowers of Evil (Las Flores del Mal), y supongo que es en honor al poema de Baudelaire. Ahora bien, ¿qué conexión puede haber entre una joven de la soleada Australia y un poeta francés atormentado y adicto a las drogas del siglo XIX?
(Risas) Sí, en apariencia soy esa joven de la soleada Australia pero en mi interior late un artista siniestro y loco que siempre acaba metiéndome en problemas. No sé en qué momento o en qué lugar entre tantos días de playa y diversión se me coló dentro ese diablillo.
Vas a compartir escenario en España con Mae Kurtz. ¿Qué te parece Mae?
Es muy emocionante haber conocido a alguien tan inspirador. Creo que Mae es muy íntegra, es auténtica. Hay muy pocas cantautoras y la mayoría no tocan el tipo de música que a mí me gusta, así que me alegro mucho de haber podido conocer a Mae y descubrir esos universos que crea con su música.
_texto: Ignacio Reyo.
_más info sobre Crystal:
visita su sitio oficial
visita su myspace
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