Barón Rojo pueden presumir de haber llevado el heavy español a sus más altas cotas. En 1982 publican Larga vida al rock & roll , un vinilo que pasaría a ser clásico en nuestros hogares y con el que se ganan el respeto del mundillo musical británico. En abril de aquel año, recogen los frutos del trabajo realizado durante la década anterior con compañeros de fatigas como Ñu, Asfalto o Coz. El single Los rockeros van al infierno supera en ventas a Under pressure , de Queen y David Bowie, o Going to a go go , de los Rolling Stones (tres meses antes de que, ojo, Sus Satánicas Majestades tocaran por primera vez en España). Cuando la sección pop de La Movida monopoliza los escaparates, los madrileños melenudos (siguen siéndolo, algunos parcialmente) son las estrellas indiscutibles del metal cantado en castellano, con una técnica avanzada y comprometidos en textos realistas que suponen auténticos gritos de guerra: «Cuando quiero decir rebelión/ en nombre de mi generación/ simplemente digo Rock and Roll/ y mi gente me entiende mejor».
El grupo de los hermanos De Castro se convierte, desde entonces, en un referente, una forma de concebir el rock en España. Un cuarto de siglo después, la llama de Barón sigue encendida. Tienen «hijos putativos» por doquier y una extensa discografía con piratas «de los de antes» . Y aunque cada vez les resulta más difícil introducir material nuevo en los conciertos, han decidido alimentar a su público, en el que empiezan a irrumpir nuevas generaciones, con trece temas patentados en Ultimasmentes (Santo Grial, 2006). «Que la gente muestre su interés y vaya a vernos es el principio y el final de todo» , comenta el cantante y guitarrista Carlos de Castro.
Pregunta.- Barón Rojo es de las pocas bandas que, con más de veinticinco años de carrera, tienen fans adolescentes.
Respuesta.- Supongo que es porque Barón, en directo al menos, es un grupo vivo. Mantiene una manera de hacer y de trabajar totalmente operativa. No estamos haciendo conciertos para explotar el carro de estos años y sacar un poco de dinero. Para nosotros, la música que hacemos es nuestra vida y la sentimos. Trabajamos mucho por ella. La gente nota que no somos un grupo de antiguallas que sale ahí a cumplir el expediente.
P.- Por lo visto, el seguidor heavy es fiel.
R.- Las influencias importan mucho. Si hubiera un poco más de difusión en los medios masivos, el heavy-metal tendría mayor incidencia en los gustos de la gente. Pero las cosas están como están y tampoco nos quejamos. La gente sabe en qué sitio estamos y que somos honrados. Saben que van a tener lo que esperan.
P.- Difusión que tuvieron en los ochenta, cuando entraron en la élite del rock europeo.
R.- Los condicionantes de esa época dejaban libertad para que ocurriera. Digamos que había unos medios más o menos masivos que pinchaban este tipo de música, podíamos salir mínimamente en las televisiones. Era un producto en auge que estaba funcionando con una audiencia grande. Desde hace muchos años, eso no ocurre. Lo que pasa es que esta música goza de buena salud y la gente es muy maja. Si no se puede tocar en sitios de veinte o treinta mil personas, da lo mismo, lo hacemos en lugares de mil o dos mil. Lo importante es que la gente vaya y se lo pase bien.
P.- Contentar a todos será agotador.
R.- No importa si tenemos que tocar en más sitios y más veces. Mientras el cuerpo aguante, nosotros estamos ahí y lo vamos a seguir haciendo. ¡Y cuanto más podamos tocar, mejor!
P.- ¿Cómo se toman lo de salir en las enciclopedias anglosajonas del género?
R.- Somos conscientes, pero eso se sabrá luego, cuando nos hayamos muerto. La verdad es que siempre hemos sido el grano de los medios de comunicación importantes. Siempre han pasado a tope de nosotros, menos en la primera época.
P.- ¿Recuerda la última vez que les apoyó un político?
R.- Hombre, recuerdo la primera vez. Fue un ministro del primer gobierno socialista, Javier Moscoso, al que conocimos en un coloquio del diario Pueblo. Luego no he conocido a muchos, salvo Ángel Pérez, de Izquierda Unida en Madrid, que es amigo mío desde hace muchos años.
P.- Comparada con la política, la música es más propicia para hacer amigos. ¿Cómo les fue en la gira con Judas Priest en 2005?
R.- Fue el resultado de haber tocado tantos años con tantos grupos. Quizá somos el que mejor puede aceptar el desafío de tocar ante una gran banda internacional. En el bolo de Barcelona apareció Michael Schenker (guitarrista fundador de Scorpions) y subió a tocar Assault attack con nosotros.
P.- El otro día actuó en Granada Juan Márquez (Coz) y lamentó que los poperos de La Movida se merendaran el pastel que ustedes prepararon en los setenta.
R.- Sí, sí, es cierto, ellos se lo llevaron. Acapararon todos los programas de televisión. Nosotros gozamos de cierto impacto mediático, pero fue muy inferior al que luego tuvieron los grupos de La Movida madrileña. Y todavía siguen teniéndolo, ya nos gustaría tener la promoción que le hacen a Alaska actualmente.
P.- ¿Les molesta esa consigna de «ellos tocan mejor pero son más aburridos»?
R.- Supongo que todo es cuestión de opiniones. No sé si tocamos mejor. Tocamos lo que queremos, pero no creo que seamos más aburridos. Para nada, eh. A mí sí que me parecía aburrida la música de La Movida. No me captó lo más mínimo, quitando algún grupo puntual.
P.- Sabe que el heavy está atestado de clichés, ¿cree que los tópicos han dañado su imagen?
R.- Para mí, los clichés y los tópicos son muy poco deseables en todo tipo de música o estilo. No es algo que tú elijas, sino que la gente te pone por tu actitud o por la de otros artistas. Si estás ahí, lo tienes que asumir. Aunque nosotros estamos en otro nivel: la gente sabe lo que somos y de dónde venimos.
P.- Lo digo también porque, el mes pasado, los veteranos Europe tocaron en esta ciudad: en un recinto en el que no se podía fumar y transformados en banda de hard rock.
R.- Pero seguro que gustaron muchísimo, ¿a que sí?
P.- Los himnos, cuando caen, son los himnos.
R.- Es que era un gran grupo, Europe siempre me gustaron mucho.
P.- Y ahora vuelve lo que queda de Led Zeppelin, ¿Robert Plant y Jimmy Page pueden «vivir» de las rentas?
R.- Led Zeppelin cambió cuando murió John Bonham. Que tengan claro que les pasará lo mismo que ocurrió con Cream: la comparación será muy dura. Como no hagan una obra de un nivel medianamente parecido al que tenían en los sesenta y setenta, la gente se sentirá decepcionada.
P.- La actriz Mae West decía que «las chicas malas van. a todas partes» y ustedes apostillaron que «los rockeros van al infierno» . ¿Adónde va la música en este país?
R.- Si lo supiera sería un adivino, y no lo soy. La estructura general de la música española dependerá de la calidad de los componentes que salgan en cada estilo musical. Hoy en día todo se ha dividido mucho y el heavy no es lo mayoritario, pero hay que reconocer que tiene muchísimo prestigio. Los grandes festivales de los veranos se hacen a base de grupos de rock duro y heavy-metal , y están funcionando. Hay optimismo de cara al futuro, seguro que irá saliendo gente mucho mejor que digiera todo lo hecho hasta ahora. Así pasó en los setenta. En el fondo, todos los caminos musicales son un refundido de lo de antes.
Eduardo Tébar.
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