| |
¿Hasta qué punto tenemos derecho legítimo a poder leer el trabajo inconcluso del creador, trabajo no pensado en la edición? ¿Querría el autor verse expuesto, sin las telas de protección de la edición, a su descarnada prosa primigenia? Son preguntas que se plantean frente a la clase de libros póstumos que alimentan la vena voyeur del lector, y enseñan el proceso creativo al estudioso. “El original de Laura”, última obra no finalizada de Nabokov, es lo suficientemente atractiva como para escapar de preguntas, y lo suficientemente minúscula como para no suponer más que un breve apéndice en la bibliografía del eterno creador de Humbert Humbert.
Sus obsesiones, sus pasiones, su fuerza narrativa, aún en pequeños fragmentos, dará placer a los drogadictos de Nabokov, y quizá, con esa sensación de nuevo chute, de ausencia de mono, deberíamos quedarnos.
|
|
|