El Dr. Mabuse

Dr. Mabuse, der Spieler

Fritz Lang

(Alemania, 1922)

 

Corrían los seminales (para el cine) años 20 del siglo pasado y el maestro Fritz Lang , aún en su etapa alemana y previa al sonoro, ya entraba en la galería de los imperecederos. Lo hizo por muchos motivos pero, sobre todo, y centrándonos en el título que nos ocupa, por dos logros impepinables: crear a uno de los malos malísimos definitivos del Séptimo Arte, y desarrollar un estilo narrativo que, a grandes rasgos, sigue vigente hoy en día. Como vigente continúa siendo la historia del malvado Mabuse, tan oscura y tan perversa.

 

Hay quienes ven en la figura del pérfido doctor una alegoría de las corrientes de pensamiento totalitarias que comenzaban a anidar en Europa, y seguramente no vayan desencaminados. Mabuse es un megalómano; un loco tan brillante y sagaz como cruel y despiadado. Henchido de su propia maldad, con una inevitable vocación de dominación mundial, por hacer hacer que cada pobre mortal se humille ante sus poderes mentales y su ira.

 

Durante cuatro horas, que pasan más rápido de lo que se pueda pensar, Lang entreteje una monumental intriga, dejándonos conocer desde el primer minuto algo que todos los personajes de su cinta ignoran: el Dr. Mabuse no es uno, sino una legión. Es maestro escapista y camaleón redomado; características para las que el actor Rudolf Klein resultaba la elección ideal. En cierta manera era la réplica europea a Lon Chaney y sus mil caras.

 

Ahora bien, ¿podrá el mefistofélico psiquiatra anteponer sus planes de sometimiento urbi et orbe a la belleza de una mujer? Eso tendréis que averiguarlo vosotros dándole una oportunidad a esta obra que, aún enmarcada en el expresionismo, ya hacía gala de un realismo y una crudeza inusitadas para la época.

 

 

 

Enrique Campos.

 

 

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