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Durante cinco minutos fue una sex symbol en los noventa y, aunque la pobre haya caído en el olvido, sigue teniendo un rinconcito en los corazones de los hijos de la generación alternativa (esos somos nosotros, por si alguien lo dudaba). Los pervertidos de los ochenta tuvieron a Samantha Fox; pero los discípulos de Cobain, mucho más profundos e instruídos, preferimos la delicadeza y la poesía de Samantha Mathis.