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Esta reseña necesita de una explicación. O no, pero la voy a dar igual. Los Doors fue el primer grupo que descubrí yo en la adolescencia. Hasta entonces mis músicas favoritas dependían de lo que escuchaban mis hermanos mayores (Led Zeppelin, "The wall" de Pink Floyd), mis padres (una pieza de Purcell que ahora mismo no recuerdo, Sinatra, Elvis) o los amigos de mis hermanos mayores (varios discos de la Creedence, "Live in the heart of the city" de Whitesnake o "Difficult to cure" de Rainbow) o influencias de colegas o los medios (Bon Jovi, Police y U2). También me gustaban sobremanera Queen, pero al haber participado en las bandas sonoras de películas que vi hasta la saciedad de niño ("Águilas de acero" y "Los inmortales"), no creo conveniente sacarlos del grupo "influencia de los media".
Bueno, el caso es que os estará rondando por la cabeza el impacto, precisamente mediático, que tuvo el grupo de Morrison con la película de marras de Oliver Stone. Ocurre que ya en esa época era un joven esnob y pase olímpicamente de la película. De hecho, no fue hasta unos dos años después de la película, que me interese por el grupo. Una mañana de instituto me pase por una librería. Hojee un libro biográfico sobre el grupo, el magnifico "The Doors" de Herve Muller. Muchísimo mejor que el excesivamente valorado "De aquí nadie sale vivo". Con muchos menos medios (es decir, no era una groupie del grupo como el autor americano), consigue un retrato mas preciso del personaje de Morrison y del grupo. Solo se le puede achacar que es una pena que no se extendiese más.
La imaginería de las letras de Morrison me atrapó. Y el aura provocadora del personaje. Y por qué no decirlo, como a millones de chavales heterosexuales, el magnetismo y belleza física del propio Morrison. La estrella de rock más atractiva de la historia, aparte de una de las más carismáticas, provocadoras, ambiguas (sensible y brutal a la vez) y demás topicazos, en su caso, reales. Hay algo de atracción física, no necesariamente homosexual (¿o sí? qué mas da) en la atracción que sufre un adolescente masculino acerca de una figura del rock. Aparte de los posteriores intentos de convertirnos en un doppleganger de éste.
Tras devorar el libro, caí fascinado por la figura (no por la música, que aun no había escuchado) y decidí probar suerte. Le pedí a una amiga que tenía una buena colección de discos que me grabase un recopilatorio que poseía de ellos, pero sólo me grabó una canción de los Doors, la celebérrima "The end", entre temas de otros grupos. Tanto me gustó que no pude esperar a pedirle de nuevo que me grabase esta vez sólo canciones del grupo angelino y me pille un par de discos, el debut y "Strange days". Los escuchaba a todas horas. Me parecían muy toscos, muy primitivos, en comparación con la música que escuchaba entonces (básicamente U2 y Police), pero me atraparon. La voz de Morrison era todo lo contrario a la aguda voz, prístina y sin vibrato, de Sting o la voz más masculina, pero límpida, de Bono. Parecía cantar en medio de una borrachera. Su voz no suplicaba, exigía. Poseía una violencia interna que jamás había escuchado. Hasta en las canciones lentas, había algo profundamente viril y digno. Exhibía una sensibilidad combinada con fuerza que me asombró. Entre la virilidad de una robusta (y negrísima) garganta de bluesman y la delicadeza aterciopelada de un educado caballero sureño, así es la voz de Jim Morrison. Como un Howlin´Wolf filtrado por Frank Sinatra.
Se convirtieron en mi grupo favorito de entonces, por supuesto. Y yo en un ayatolá de las bondades del grupo. Hasta me compré unos pantalones de cuero como los de Jim y un cinturón similar a los que empleaba para sujetarlos a su menudo cuerpo.
Pero ya basta de darle a mi autobiografía. Sin más preámbulos, pasemos a hablar del disco que nos ocupa. A mi hechizo desde esa enigmática portada, ese desfile humano que tanto citaba Morrison en sus poemas, ("The soft parade", que posteriormente titularía uno de sus Lp´s), una portada digna de contener una banda sonora alternativa de “Freaks” de Todd Browning, con ese desfile de extraños, pero a la vez alegres, seres.
La canción que abre el disco, titulada como este, creo recordar que es la primera vez que un conjunto de rock utilizo un moog. Me encantan esos teclados etéreos de Manzarek, que disemina en esta canción y a lo largo del disco. La metronómica batería de Densmore. La voz velada de Morrison, desgranando esa extraña letra que parece predecir lo peor del movimiento hippie (Altamont, Manson y demás). Como Lou Reed o Tim Buckley, Morrison era demasiado cínico e individualista para caer seducido por el mensaje de amor y paz (a pesar de lo que pueda reflejar la pésima película de Oliver Stone). De hecho es curioso leer testimonios que reflejan lo contrario, que pese a su salvajismo y ganas de probar los límites en todo, a lo existencialista francés, en otras ocasiones mostraba un comportamiento profundamente conservador, del sur profundo.
Realmente crean un ambiente muy extraño, te introducen de lleno en el peculiar universo felliniano, chamánico y de dimensiones de tragedia griega, pasado por filtros de jazz, brisas latinas, blues, rock y música clásica de este peculiar grupo, que pocas veces ha sido imitado (no me refiero a imitar a su cantante, sino a que pocos grupos les han tomado una referencia como conjunto musical, aunque de todas formas eran una extraña casualidad y sus raíces musicales venían de géneros tan poco comunes en USA como el flamenco y la música clásica europea).
Continúa con “You´re lost little girl” una pequeña miniatura del Morrison mas crooner, precisamente esta canción la escribió (malignamente) pensando en dársela a Sinatra para que se la cantase a Mia Farrow (con la que estaba casado en esos momentos), destacable la belleza de la melodía, la languidez de Jim y el solo de carácter latino (como en "Light my fire" parece predecir a Santana) que se marca Krieger. Uno de los guitarristas mas infravalorados de la historia, junto a Lee Underwood (acompañante de Tim Buckley, una especie de versión mejorada del mismísimo John MacLagin). También muy poco valorado esta el pobre Densmore, que combina una pegada digna de Ronnie Tutt (batería de Elvis en los 70´s) y una destreza digna de un batería de jazz (genero en el que se formo), como esa habilidad que tiene para cambiar los acentos.
Llegamos a “Love me two times” uno de los singles de éxito de este álbum (el otro es “People are strange”), una canción de inspiración blues pero con un curioso clavecín que le da un carácter que me hace pensar en la música de los medicine shows de principios de siglo XX de los Estados Unidos.
"Unhappy girl” aparentemente un tema menor (que lo es) pero es de los q mejor defragmentan la peculiar idiosincrasia musical del grupo, esos dibujos de teclado, el sol latino inspirando sus ritmos y melodías, el bottleneck deformando las notas salidas de la guitarra…
Y para slide, la siguiente: “Moonlight drive”, pero antes, tenemos el experimento recitado de “Horse latitudes” un recitado cargado de tensión , sobre un fondo construido a base de ruidos incidentales cometidos a propósito, cintas de efecto y el grupo gritando, Jim desgrana una letra cargada de su peculiar y simbólica imaginería, acerca de las galeras españolas que transportaban caballos al nuevo mundo y eran sorprendidas por terribles tormentas, obligando a su tripulación a tirar por la borda su mercancía para no hundirse, y contemplaban con horror como esos animales flotaban durante minutos hasta ahogarse.
Hay un momento; cuando Jim dice: "Awkward instant! & the first animal is jettisoned" (“violento instante, y el primer animal es arrojado por la borda”) que el fondo sonoro se retuerce con un grito espeluznante y el sonido de algo que golpea una superficie liquida, que yo realmente veo al animal cayendo, gritando, al agua desde la cubierta del barco, el sonido del golpe al colisionar por el agua, y hasta los gritos de los demás animales al adivinar su destino…
Sigamos con la anteriormente mencionada “Moonlight drive”, como decía, el uso del bottleneck es fundamental en esta canción, un uso que Morrison exigía en sus primeras canciones, además de ser esta la pieza que Morrison le canto a Manzarek en su famoso encuentro en la playa, donde decidieron formar el grupo, para hacerse ricos y follar mas que Frank Sinatra.
La pieza tiene un evidente ritmo latino mutado por la cierta marcialidad de la batería de Densmore, un toque de blues rococó (ese clavecín de Manzarek) para un paseo lunar. Siempre me ha encantado la violencia con la Morrison ataca el ultimo fragmento, el de “We´re falling trough wet forest in our…moonlight drive”
“People are strange” con una sonoridad de guitarra muy Jerry Garcia, con ese intento de sonido ácido, y su lenta y apagada melodía, nunca me ha gustado demasiado, es audible, pero desde luego no me parece de sus mejores canciones y no se que obedece esa santa manía viene introducirlo en cada recopilación de éxitos de los Doors.
“My eyes have seen you”, seguimos con el predominio de ritmos y melodías claramente inspiradas en el universo latino (este es su disco con mayor presencia de este aspecto, aunque los tres primeros estén muy cargados de esta influencia, que casi desaparecería en los últimos, aunque con gloriosos resultados, como ese solo de guitarra de “L.A. woman”), una canción a medio tiempo, ligera pero interesante.
Y atención, a aquí viene una de las joyas ocultas de los Doors, “I can´t see your face in my mind” muy suave, con un Morrison mas delicado que de costumbre, con un curioso tono algo ronco que consigue q la melodía sea mas emotiva aun. La base rítmica y ciertos detalles parecen ser grabaciones pasadas al revés, tal como hacían los Beatles.
Un momento de respiro antes de llegar a la segunda gran suite de los Doors, “When the music´s over” que por cierto se abre con un solo de órgano con mucho groove (¿no os imagináis esas notas tocadas por Jimmy Smith?), hasta que llega el grito de Morrison y la canción se va desarrollando sinuosamente hasta el estallido final, “We want the world ad we wanted……now, now?, NOW!!!!” un salvaje solo de guitarra y un Rey Lagarto, mas alucinado que nunca gritando: “Persian night, see the light, save us, Jesus, save us”, su petición no tiene nada absolutamente nada que ver con el tono hippie de la época, no es una petición, es una exigencia, vomitada con la mayor violencia y chulería ¿habéis escuchado a algún cantante mas chulo, y con ese glamour decadente, que Jim? Los teclados cibernéticos son también un hallazgo, así como la expresividad de la guitarra de Krieger (ese lloriqueo cristalino, cuando Jim canta "I want to hear/ I want to hear/ The scream of the butterfly" por ejemplo).
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