Dioses y monstruos

Gods and Monsters

Bill Condon

(R. Unido/EEUU, 1998)

 

Si a estas alturas de la película tenemos que explicarle a alguien quién fue James Whale , lo primero que pensaríamos es que, muy probablemente, esa persona se ha equivocado de web. Pero, está bien, no seamos extremistas ni esnobs, porque un mal día lo tiene cualquiera, nadie nace sabiendo, etc., etc. Así que, para los despistados, baste con decir que Whale fue una de las figuras definitivas del cine de terror clásico, director de "Frankenstein" o "El hombre invisible" . Una persona quizá adelantada a su época que pretendía vivir su homosexualidad de una forma demasiado abierta para el Hollywood de la primera mitad del siglo pasado. A los grandes estudios les traían sin cuidado los jugueteos sexuales de sus asalariados, pero siempre y cuando la cosa no se hiciera excesivamente pública. No perdonaban escándalos ni deslices, por lo que el director inglés no tardó en ser condenado al ostracismo de la industria y vivió sus últimos años apartado (forzosamente) de las candilejas y las estrellas.

 

"Dioses y monstruos" , la cinta que traemos esta semana a la sección de ineludibles, se centra precisamente en esa postrera etapa en la vida de Whale , en la que llevaba una existencia apacible y agradable, pero torturada por fantasmas del pasado y por una enfermedad degenerativa que iba mermando poco a poco sus capacidades intelectuales.

 

Bill Condon se empapó de sensibilidad y, con la seguridad que da tener a todo un Ian McKellen cargando con el peso interpretativo, dibujó un emotivo relato de lo terriblemente doloroso que resulta ser consciente de la decadencia mental de uno mismo. Cómo nuestro bien más preciado, el cerebro, empieza a fallar sin que podamos hacer nada por evitarlo. La consciencia de la pérdida de consciencia.

 

Uno de los films más entrañables de las últimas décadas, un bonito homenaje a un gran tipo, tan especial y humilde que ni siquiera daba demasiada importancia a toda esa ristra

de fabuloso celuloide que dejó tras de si.

 

 

Enrique Campos.

 

 

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