de amor también

se muere

humoresque

Jean Negulesco

(EEUU, 1946)

 

La titulación española de "Humoresque" no dejaba mucho a la imaginación del espectador porque, por supuesto, Negulesco se entregaba aquí a otro de sus dramones románticos de etiqueta negra en los que todo estaba exquisitamente instrumentado para provocar el llanto (o la mota de polvo en el ojo de los más duros de pelar). Sin embargo, dentro de lo predecible, hay algo de riesgo en "De amor...", porque arriesgado es siempre empezar por el final, y la primera imagen que el director rumano nos coloca delante es la de un John Garfield derrumbado por el dolor para, a partir de ahí, acometer una elipsis aclaratoria, teniendo el espectador muy claro que todo va a salir muy, muy mal.

 

"De amor también se muere" es la historia de un hombre dividido entre dos mujeres: una tiene el cuerpo y la mirada de Joan Crawford; la otra, de físico más etéreo, se llama música. Un virtuoso del violín, incapaz de comprometerse más que con su arte, y una pobre niña rica, la Crawford, buscando amar y ser amada entre whisky y whisky, entre resaca y resaca. La pétrea Joan podía ser (y era) un monstruo en el mundo real, pero desde la gran pantalla se las componía divinamente para dejar entrever océanos de fragilidad en la dureza de su rostro y su gesto, algo a lo que Negulesco apela a golpe de primeros planos. El resto, la catástrofe, el melodrama, manaba sin muchas complicaciones del devenir natural del relato. En estos casos, uno más uno son efectivamente dos. Aún así, en el escenario (improbable) de que la cascada emocional no resultara efectiva, el universo melómano del personaje de Garfield (que siempre nos parecerá más un gángster que un musicólogo, pero se lo perdonamos) introduce minutos y más minutos de melodías desarmantes: de Beethoven a Brahms, de Dvórak a Chopin. Esta tragedia venía con violines incorporados. Suertudo Negulesco.

 

 

 

Enrique Campos

 

 

 

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