CUENTOS DE LA

LITERATURA ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA

 

Los tres cuentos del presente análisis comparten no sólo el haber sido escritos por españoles del exilio sino también la misma temática del fracaso existencial, aunque cada uno con resoluciones propias. Max Aub se integra con dos historias tomadas del libro de Cuentos Mexicanos (con pilón), el primer de ellos intitulado El hambre narra el suicidio colectivo de una familia desesperada ante la escasez de alimento y el segundo, De cómo Julián Calvo se arruinó por segunda vez al intentar poner una imprenta en México. En Coyote 13 Arturo Souto Alabarce cuenta la historia de un cazador que se lanza al desierto en pos de su presa, el coyote más viejo de todos y número trece de su lista.

 

Max AubLas historias de Max Aub tienen en común el paisaje literario mexicano en tanto que Coyote 13 con todas las estampas desérticas que podrían ser la conexión al mundo de los otros dos cuentos, se desvía hacía cuestiones de problema más filosófico-existencial. Por ello conviene abordar en dos momentos diferentes y apartados el funcionamiento de los mundos de cada autor.

 

El título mismo de El hambre basta para inaugurar la realidad paupérrima que asolará el mundo de los personajes que actuan en este cuento. La entrada al texto está dada por una larga enumeración puntual y numérica, no solo nominativa, de los diversos elementos componentes del sistema de cosas de la narración. Esta miseria que puede considerarse como el factor determinante y detonante del cuento, no sólo se advierte en forma del hambre física, sino también en la organización y funcionamiento social tan precario de este escurridizo ¿pueblo, rancho, hacienda? de La Capilla , por ello es que resulta muy atinada la línea inicial del cuento donde se nos deja clara la indefinición natural de La Capilla, y si aunado a esto consideramos que el acto final es una autoinmolación por medio del fuego ¿no se revela esto como un funcionamiento simbólico de los dos elementos? Simbólico en tanto que religioso por la inmediata conexión que tiene con el ritual del sacrificio de los inocentes, que además de ser común en las culturas ancestrales, representa de acuerdo con estudios sociológicos, un importante escalón en la evolución de las sociedades y la aplicación de la justicia, pues por medio de la convención de la mayoría de los elementos que a ésta componen es posible cometer un acto criminal que no obstante, mientras aprobado por la mayoría, no será tal.

 

En el caso presente no estamos hablando de la pena de muerte estadounidense, pero sí de un asesinato lento que al final se troca en suicidio, pues la muerte de la familia Moreno, aunque desencadenada por el asalto perpetrado a Pascual cuando éste contento regresaba a casa, se empieza a dar en el cuento desde el principio Por ello aunque el cuento pueda parecer pintoresco por el toque fantasmal de pueblo que describe y más elementos que lo acercan al mundo de Rulfo, la verdad es que entraña una pavorosa actualidad, pues esa lucha ante el enemigo un tanto metafísico de las leyes de mercado, es bastante evidente en el relato, con todo y que nunca se le menciona a las claras.

 

La Hambre y que no El Hambre, en un acierto más que supongo yo, ha sido para dar mayor veracidad al cuento en tanto que reproduce una forma del habla popular, es un cuento breve, brevísimo, que logra la consigna de Cortázar de ganar al lector por knock-out, pues en escasas dos páginas condensa toda una galería de personajes, presenta un conflicto dramático casi brutal, y encima, se regodea con la institución de las letras mexicanas que es Rulfo, pues como en sus cuentos, podemos dejarnos ir y creer que son cuentos de México.

 

De cómo Julián Calvo se arruinó por segunda vez comparte el elemento indígena y ligado a él aparece el culto religioso a la virgen, tan característico del mexicano. En el cuento la presencia del fervor indígena por la Madrecita , actúa a manera de superstición sobre la empresa de Julián Calvo, valenciano y comunistas, radicado en México quince años ha.

La creencia religiosa de los indios al servicio de Julián Calvo funge como ave de mal agüero ante la negativa del valenciano-comunista a bendecir su recién inaugurado negocio de la imprenta. La negativa obedece a la ideología comunista del exiliado español, que pese a sus años de residencia en México permanece fiel a su ideología política, y además funciona como una especie de indicador de la inconsecuencia en que caen los mexicanos que por un lado se dicen comunistas pero por el otro, asisten a misa cada domingo.

 

A primera vista el cuento plasma la crítica de un extranjero a los modos de ser del mexicano en relación con esta inconsecuencia político-religiosa, pero lejos de quedarse en una mera enunciación de una realidad por demás actual y conocida, aborda un aspecto menos evidente pero más importante del problema. Rescata la ausencia de conflicto de la sociedad mexicana en hacer convivir de manera cercana la postura religiosa con la política. Y en esto me baso para hablar de la actualidad que presenta el cuento, pues hoy en día no es nada raro ver que una gran parte de la población no le pone reparos a que el presidente de la República haga públicas sus manifestaciones religiosas. En el marco del quinto centenario de Benito Juárez es cada vez más frecuente leer con naturalidad en los periódicos notas sobre reuniones de funcionarios públicos con representantes de la iglesia.

 

La crítica social, es pues el punto medular de este cuento y la manera de realizarla es a través de la burla, pues con ese parámetro es juzgado Julián Calvo por sus compatriotas que lo acusan de tozudo, un vocablo que más que fuerte es pronunciado en tono condescendiente y como dejando de lado al perro que no muerde. Sin embargo, hay una burla más fatídica dada por el sino de Julián Calvo, quien una vez fracasado el negocio de la imprenta se dedica a la venta de medicinas, negocio en el que triunfa, pero ¿a cambio de qué? A cambio de su postura ideológica, de las leyes morales o como quiera llamárselas pero que al fin y al cabo sirven de cause a nuestras acciones; es una suerte de trueque burlón del destino, que le cerró las filas de la ejecución del pesamiento a cambio del status y la buena vida.

 

Por esta postura crítica que adopta el cuento y considerando que Max Aub fue también un exiliado europeo llegado a México, no resulta aventurado hablar de un cierto paralelismo entre la vida del autor y la de su personaje en el cuento, cuando menos en lo referente a la claudicación de ideales traídos de un país en circunstancias distintas, que por lo mismo resultaron inoperantes aquí. Como sea, lo que es evidente es que el cuento cierra de manera ambivalente, se trata de un final sarcástico que si ponemos a lado del título, hace evidente el tono burlón y nos da indicios de la actitud del autor ante la vida, de cómo ésta tiene sus propios designios que el hombre no alcanza a controlar. Y como dicen, puedes empezar mal, continuar peor, pero si terminas bien. tienes un gol, que se verifica en este cuento.

 

Coyote 13 a diferencia de los relatos anteriores ya no se inscribe dentro de un espacio geográfico delimitable, pues para empezar el cuento anda a caballo por un desierto indefinido, es decir, inabarcable. Esta dicotomía entre el espacio abierto y el espacio definido es el tema central que da pauta al contenido trascendentalista del cuento, entendido el trascendentalismo como problema existencial del hombre.

 

Antes, no obstante, hay que destacar varios aspectos, como por ejemplo el revestimiento estilo western de la narración que resulta casi obvio, sin embargo, hay que decirlo, ya que de esta aproximación a los cuentos de vaqueros, al menos como telón de fondo del cuento, se desprende otra característica: el uso del recurso spoken word . Como sabemos, este estilo musical se refiere a aquellas composiciones donde la instrumentación musical da soporte a una exploración vocal a medio camino entre el canto y el habla cotidiana con las que se construye un monólogo. En el cuento existe una melodía sutil que usa de las técnicas de la narración para expresarse, pues como en cresscendo pasamos del cuadro inicial dónde nos es descrito visualmente el paisaje, a la imagen sonora donde se revela el vaquero Juan "tocando un ritmo melancólico en las cuerdas tensas de su guitarra".Pero no toda la musicalidad es tan clara como en la cita anterior, sino que se construye a partir de elementos diversos, como el galopar del caballo, los remolinos de viento que llenan el espacio de silbidos pero también el silencio que llena primero el mundo y el alma del vaquero.

 

Existe una línea por la que se nos da cuenta del proceso de animalización del hombre. Pero tal proceso está ligado al extrañamiento del mundo que sufre el vaquero, pues mientras el desierto parece nunca acabar, su mundo sí tiene un límite, y es tan pequeño "que le cabría en el bolsillo". Hay que agregar aquí los significados ya cargados de violencia que entraña el acto de la cacería y rescatar la línea dónde se nos dice del vaquero Juan que "tenía mucho de bestia y de anacoreta" porque en esta frase se condensa tanto el extrañamiento del mundo en el ejercicio de aislamiento como la animalización del alma humana ejercida a través de esa violencia ciega que es la que dota al protagonista de su capacidad para sacrificar las vidas de sus presas.

 

La animalización es pues el elemento que convierte al cazador en el verdugo y al igual que en la crucifixión de la historia sagrada, el crucificado hace las veces de salvador, ya que al final del relato vemos como el coyote 13 que también ha sido crucificado en cada uno de sus 12 predecesores, rescata del vacío existencial al vaquero. Es pertinente mencionar llegados ya a este punto que la simbología religiosa es inherente al texto, se la puede advertir en las alusiones a la crucifixión, en el número doce como el de los apósteles y en la constante presencia del elemento polvo, sin olvidar que el polvo va ligado al desierto y ambos se relacionan fuertemente con el discurso religioso, desde el momento en que el desierto es el espacio donde Jesús sortea las tentaciones del demonio, y el polvo la sustancia de la transustancialización del alma. El desierto es entonces el territorio de prueba en el que lo que se examina es la humanidad del vaquero Juan, y el polvo recuerda que la muerte del dolor puede significar la resurrección, y digo dolor porque detrás de los vicios que ponen en tela de juicio la buena voluntad, lo que se esconde es un dolor agudo, del que por desgracia no nos da más pista el cuento.

 

¿Qué lleva al vaquero Juan a perdonarle la vida al coyote 13 una vez que lo ha atrapado? La respuesta puede parecer sencilla si se la deja en que no puede matar a su última presa porque entonces perdería sentido su existencia. Más que un conflicto de sentido, lo que parece es el problema por antonomasia del infinito, pero no del infinito absurdo donde todo se desmorona, sino de lo que el pensamiento antiguo dio en llamar indefinido denominando con ello al conjunto de posibilidades que existen dentro de los parámetros del mundo definido. Es en esta noción es donde se inscribe el significado del coyote 13 ya que funciona no sólo como delimitante espacial del mundo del vaquero, sino también espiritualmente pues con haberle perdonado la vida, Juan no sólo se gana el derecho a cohabitar en él desierto. También reconquista los terrenos de su humanidad, haciéndose dueño de sí mismo y revirtiendo con esta acción todo el vacío inicial que llenaba el psiquismo del vaquero Juan. De tal suerte que sí, es cierto, más de alguno ha pensado ya en esa doctrina del perdón y poner la otra mejilla, sin embargo, y pese a toda la carga religiosa que como ya vimos transluce en el cuento, no es un cuento moralizante. Si apuesta por una redención final y la capacidad de perdón, se trata de un perdón que en todo caso va dirigido a uno mismo.

 

 

 

Melissa Niño

 

 

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