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Ya no cabe duda de que The Sunday Drivers se ha convertido en patrimonio nacional tras cuatro discos y diez años en la brecha. De aquella formación inicial que arrancó en los albores del nuevo siglo con la difusa etiqueta de ‘indie’, se han acumulado muchas penurias, mucha perseverancia y muchos kilómetros que el pasado 20 de noviembre la banda culminó en una memorable fiesta de cumpleaños ante un público entregado que llenó La Riviera.
El grupo toledano celebraba así su décimo aniversario en la mítica sala del foro con un concierto muy especial para ellos, entre otras cosas porque hacía más de un año que no tocaban en Madrid presentándose ellos solitos como auténticas estrellas, y para la multitud de fans que allí se congregaron con el único objetivo de disfrutar de su música, aquella que ha gestado auténticos himnos rítmicos marcados a fuego en la memoria colectiva.
Esta feliz fiesta de cumpleaños comenzó de la mejor forma posible saludando al personal con “(Hola) To see the animals”, una vitalista canción al ritmo de ukelele que recuerda a los veranos californianos de los años setenta, y de paso realizaban una declaración de intenciones: ellos venían a presentar en directo los temas del que sus protagonistas consideran el mejor álbum que han realizado hasta la fecha, The end of maiden trip, sin olvidar introducir en su coctelera musical melodías de sus anteriores discos.
Desde este punto de partida la comunión sideral entre el sexteto y su público funcionó a la perfección. El grupo sobrepasó esos inevitables nervios iniciales y emprendió un éxodo hacia atmósferas delirantes de buen pop-rock, demostrando la calidad del que tiene muchas tablas y muchos bolos a sus espaldas. Supieron entonces divertir y divertirse sobre el escenario gracias a una palmaria cohesión entre ellos, contando con un invitado muy especial para la ocasión, Julián Maeso, ex - componente de la banda hasta que finalizaron la grabación de su tercer largo, Tiny Telephone, en 2007. Todo un detalle por parte de la formación.
Su madurez y solidez en directo les permitió proponer una montaña rusa sonora por la que desfilaron “Passing you by”, la melancólica “She”, “My plan”, la emocionante “Often”, psicodelia a raudales en “I” o la balada “Love, our love”. Moldearon a su antojo los sentimientos de las más de dos mil personas que se congregaron en La Riviera, entre impulsos de potencial rockero y románticas composiciones de sonido muy cuidado y pulido. Así hasta el meridiano del concierto, cuando The Sunday Drivers reventaron la caja de los truenos con “Paranoid”, “Do it” y “On my mind”, entonces la gente explotó coreando y bailando cada uno de sus temas con la exaltación del que lo hace por vez primera.
La ovación generalizada llegó cuando Lyndon Parish puso voz a la preciosa “Sing when you are happy”, que marcó el principio del fin. Se despidieron unos instantes para retomar la recta final de su actuación con unos bises que inició Jero Romero en solitario paladeando la canción que da título a su último trabajo, “The end of maiden trip”, con guitarra acústica estrenada para esta ocasión. Después, Parish y Jero dejaron un pedacito de su corazón para versionar a los míticos The Beatles en “In my life”, y se despedían por segunda vez con otro himno, “Little heart attacks”. Con su público entregado y pidiendo más aún, la banda volvió a subir al escenario entre emociones más que palpables para poner fin de fiesta con “Rainbows of colours”, una canción hipnótica que puso excelente broche de oro a un concierto intenso que rozó las dos horas, cumpliendo de sobra con las expectativas de una muchedumbre abnegada que abarrotaba La Riviera.
The Sunday Drivers se despidió del público madrileño con un directo que demuestra su momento actual de madurez musical, con temas arrolladores que proporcionan al grupo toledano un caché que roza la perfección y que demuestra una trayectoria poderosa, construida sobre unas bases muy sólidas que les permitirán tiempo mediante triunfar a lo grande en nuestro país. Es la hora del rock alternativo. Es su momento, “Time, time, time”.
_texto: Óliver Yuste.
_fotos: Ignacio Brotóns.
_galería
23/11/09
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