Podría hacer una crónica al uso dando fe de todos y cada uno de los detalles que desgranaron esta pareja de ases en su pasada visita a la capital malagueña al abrigo del terral. También podría hablar de sus respectivas carreras, pero para los que quieran saber ahí están las hemerotecas y la calle, porque afortunadamente siguen vivitos y coleando y es mucho lo que aún tienen que cantar y contar. La maestría, el saber estar, la admiración que se profesan, el cariño mutuo que se tienen y el cariño sincero que nos brindan, darían para un buen puñado de páginas, pero eso no es sólo lo que nos ocupa en este momento.
Las canciones -que al fin y al cabo deben ser lo más importante- merecerían un estudio aparte. No sólo las propias en propia voz sino las ajenas acomodadas a la propia voz.
Elegidas con mucha sapiencia y cuidando hasta al más mínimo de los detalles, tratando de buscar un terreno común lleno de guiños y miradas cómplices. Un terrero en el que nos encontramos a un Serrat calmado y pausado en el rol de un Abel, que acepta resignado el díscolo comportamiento de un Sabina exultante muy a gusto en la piel de un Caín, consciente de que jamás podrá agredir a su hermano menor porque pesa demasiado la devoción que le tiene.
Poco a poco, a veces solos, a veces de la mano, pero siempre acompañados por un estupendo elenco de músicos, fueron brindando lo más loado de sus cancioneros que para esta ocasión se fundieron en uno solo sin dejar atrás ninguna de sus más grandes creaciones. Con bailes, risas, sonrisas, juerga flamenca, avisos para navegantes y fotografía al público incluida no pararon de rizar el rizo, ataviados de piratas, cubiertos de sentimientos, jugando siempre. Dejando muy claro que el escenario es una fiesta y que esta gira está diseñada principalmente para el disfrute de ellos, dándonos, de paso, la posibilidad de disfrutar a todos los que hemos tenido la oportunidad de presenciar esta ocasión irrepetible.
David Dueñas (texto & foto)
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