hardcore superstar

sala apolo, barcelona

20/04/08

 

 

 

El pasado domingo 20 de abril, quienes asistimos a la barcelonesa Sala Apolo pudimos comprobar de motu propio si los dos últimos álbumes de estudio de Hardcore Superstar eran un producto únicamente reproducible fielmente en ese formato o si, por el contrario, su ejecución en directo amplificaba sus virtudes.

 

Tras un primer intento fallido en enero, cuando la formación suspendió todos sus conciertos en España y el resto de Europa por una afección en la garganta de su cantante, y con un cambio de componentes sensible, como el que ha supuesto la marcha del guitarrista y compositor Silver, siendo sustituido por Vic Zino, de la banda Crazy Lixx, había una expectación que se tradujo en el cambio de escenario inicial al dispuesto en la sala mayor del complejo.

 

Antes de comenzar la función principal, pudimos disfrutar del espectáculo de los divertidos Crashdïet, jovencísima banda sleaze que se presentaba con su nuevo cantante Olliver Twisted, quien al margen de la evidente influencia estilística y vocal de Sebastian Bach que se aprecia en el citado, y salvando las distancias entre uno y otro, hizo gala de dotes suficientes como para erigirse en un frontman a tener en cuenta dentro de la escena musical actual.

 

Tras semejantes teloneros, aparecieron sus compatriotas suecos sobre las tablas. Sería injusto obviar que la imagen y presencia de Jocke Berg y sus adláteres es uno de sus puntos característicos, si bien en esta ocasión había un elemento que no acaba de encajar con el resto del atrezzo. En efecto, el hombre al gobierno de las seis cuerdas lucía una camiseta de Pantera que chirriaba con estruendo entre tanto maquillaje, mallas ajustadas y poses afectadas. Nada que objetar a su pericia técnica, desde luego, pero lo cierto es que su presencia se intuía como la de un autómata cumplidor más bien que no como uno de los elementos esenciales de la ecuación.

 

 

Sin haber encajado todavía el cambio estético, los acordes de "Need no company" comienzan a sonar y los presentes alzamos nuestros brazos. La sala está lejos de llenarse, pero hay una buena presencia de público en general. A los músicos se les ve con ganas y desgranan los títulos que componen sus dos últimos discos. "Dreamin´in a casket" (una de las más jaleadas), "Sophisticated ladies", "Hateful" y un guiño a quienes venimos siguiéndolos desde sus comienzos con "Liberation", de su ya lejano "Bad sneakers and a piña colada". De repente comienza la introducción de uno de sus mejores temas para quien suscribe estas líneas: "My good reputation". A juzgar por cómo es recibida parece que no soy el único que piensa así y todos coreamos su misógina letra con alborozo. Una parada no incluida en su versión de estudio introduce a los componentes de Crashdïet en el escenario con un pastel en manos de su cantante: es el cumpleaños de Berg y todos cantamos la conocida tonadilla mientras Olliver Twisted estampa el dulce en la cara de su sorprendido colega. Más risas y continúa la fiesta.

 

Unas cuantas composiciones más sonando atronadoras a través de los altavoces, y comienzan a ejecutar el inicio de "We don´t celebrate Sundays", produciéndose entonces una apoteosis popular. Acompañamos coreando toda la canción y cuando esta finaliza las luces de la sala se encienden. Todos nos quedamos esperando más, hay ausencias injustificadas en su repertorio y creemos que las ejecutarán en unos bises que no llegan a producirse. Una hora y cuarto de actuación. Corto pero intenso, al final la espera ha valido la pena. Por una vez y sin que sirva de precedente, hemos celebrado un domingo.

 

 

texto: Pablo Martín

fotos: Hardcore Superstar

 

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