experimentaclub '07

la casa encendida, madrid

(3-7/10/07)

 

Durante la semana del 3 al 7 de octubre pudieron verse en La Casa Encendida de Madrid algunas de las propuestas más experimentales de la música actual. Este comentario corresponde a los tres últimos conciertos del domingo, esto es, Cosmic Shenggy , Cooptrol y Merzbow . Para ilustrar hasta qué punto lo que se oyó en esos días diverge de la corriente usual, cojamos a otro de los participantes, Cuisine Concrete, bajo cuyo nombre se esconde María Durá, una artista que incluye entre su instrumental utensilios de cocina como batidoras o tostadoras. Desgraciadamente mi retraso a la hora de llegar al recinto me impidió asistir a tan prometedora cita.

 

 

La primera de las actuaciones que pude presenciar corrió a cargo de la china Cosmic Shenggy . Tuvo lugar en una pequeña sala donde los asistentes fuimos sentándonos en el suelo alrededor de un ínfimo escenario de no más de dos palmos de altura. Era inevitable recordar las escenas de guardería con los niños rodeando a la maestra mientras ésta les cuenta un cuento. Al final esta imagen no resultó estar tan alejada de la realidad, pues una vez hizo acto de presencia Shenggy , sumergió a la audiencia en un extraño viaje a base de texturas electrónicas y loops que se reciclaban y retorcían sobre sí mismos, pasando en segundos del bucolismo a la más ruidosa tempestad, poniendo a prueba tanto al equipo de sonido como al propio público. Destacable también un pasaje en el que a base de luces de colores y juguetones soniquetes por momentos nos hizo creer que estábamos en un parque de atracciones. Pero de Marte. Sorprende cómo la diminuta Shenggy , cuyo aniñado aspecto era acentuado aún más por su vestido de corte infantil, era capaz de generar semejantes tormentas sónicas. Parece ser que algunos no pudieron soportar tal contraste y se marcharon a la mitad.

 

La segunda de las actuaciones tenía como protagonista al urugayo Hernán González , ejerciendo de DJ como Cooptrol . Ayudándose de proyecciones de vídeo que oscilaban entre lo hermético y el esoterismo - los ovnis de Hitler, referencias a novelas de ciencia ficción, videojuegos o inquietantes escenas costumbristas - hizo de su sesión lo más asequible de la tarde, por momentos incluso bailable, entendiéndose esto en el contexto break-beat industrial de su música. La escrupulosa puntualidad fue la norma durante todo el evento, y a la hora programada se encendieron las luces. Vía libre para encaminarse al plato fuerte de la noche.

 

 

Para situar a Masami Akita , Merzbow , podría poner la larga lista de terroristas del sonido con los que se ha relacionado este ruidista japonés. En su lugar, diré que antes del concierto pude escuchar cómo alguien de la organización comentaba que se había traído tapones porque estuvo en la prueba de sonido y había sido durísimo. No era ni mucho menos el único que llevaba los oídos protegidos; una fracción considerable de los presentes habían tomado precauciones, sabedores quizá de lo que se avecinaba. Armado con un par de portátiles y un indescriptible instrumento colgado del cuello cual guitarra, Akita sumió al patio de La Casa Encendida en un huracán de ruido, interferencias, acoples y atonalidad que en algunos momentos llegó a rebasar, literalmente, el umbral del dolor. No hubo lugar para la melodía, el ritmo o cualquier otro concepto asociado a la música convencional. Sólo distorsión llevada hasta extremos inimaginables. Una hora después todo había terminado, salvo para mis oídos, que siguieron pitando durante los dos días siguientes al concierto. ¿Cuál es el lugar de una propuesta en la que el término riesgo artístico se queda corto, resultando más adecuado usar suicidio? ¿Tiene realmente sentido lo que ofrece Merzbow fuera de un museo? ¿Dónde termina la vanguardia y empieza la tomadura de pelo? No me imagino a mí - y prácticamente a nadie - poniéndome en su casa un disco suyo por el mero de hecho de disfrutar, pero tengo que reconocer que esa furia descontrolada tiene un cierto magnetismo que sí me haría repetir la experiencia. Pero esta vez con tapones.

 

 

 

Javier Maestre.

 

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