Zaragoza, las doce del mediodía: la ciudad es un hervidero de seguidores de Héroes del Silencio. Si hasta hace poco menos de un año era extraño y, por qué no, reconfortante ver a una persona con camisetas, colgantes y toda clase de merchandising de los maños, en el día grande de los Pilares lo poco habitual era no toparse con alguien que manifestase ser seguidor de la banda. La imagen se intensifica en los aledaños de la Romareda , donde horas antes ya se agolpan los fans a las puertas de los accesos al estadio (un servidor se paseó por ahí a las 18,00h).
Una vez dentro, parece haber una buena organización, pese a lo difícil que debe ser coordinar un espectáculo de estas dimensiones.
Posicionémonos antes de nada: al que escribe no le gustan los escenarios mastodónticos, los excesos en luminotecnia y los adornos más allá de los clásicos focos, y poca cosa más. Dicho esto, la gira de Héroes del Silencio se basa, en buena parte, en todos estos aspectos, lo cual a veces puede sonar a carencia, o a demasiadas ganas de demostrar no se sabe qué.
Cierto es que, dada la afluencia masiva de asistentes, no hay otro remedio que echar mano de la magnificencia, aunque no es menos cierto que muchos problemas se pueden arreglar desde la raíz: programando más conciertos, no anunciando a cuentagotas las fechas, etc.
Dan las 21 horas, y con puntualidad británica las luces de la Romareda se apagan para dar paso a Song to the siren , la mítica intro de los conciertos de la banda. Ni siquiera los 10 o 20 minutos de espera de rigor se cumplen aquí: los cines abrían puntuales.
Al finalizar la introducción, se oyen los primeros acordes de El Estanque , tema con el que dan inicio a los conciertos de esta gira y que parece todo un preludio de lo que acontecerá dos horas y poco en adelante: un show en el que reina la tranquilidad, la poca fuerza, pero también el sentimiento, aunque éste se manifieste más bien bajo el escenario.
Lo que sucede de aquí en adelante creo que no tiene más ciencia que lo que puede sucederle a uno escuchando en su casa un recopilatorio (de los muchos que hay) de los aragoneses: una ejecución perfecta, unas notas milimetradas, un sonido espectacular. y poco más. Todas y cada una de las canciones que sonaron el día doce en Zaragoza no tenían nada más de especial que la técnica con que fueron interpretadas pero, como sabemos, el Rock no sólo se nutre de perfección: también de sentimiento, de sudor, de soberbia, de arrogancia. al menos el Rock al que nos tenían acostumbrados Héroes del Silencio. Por el contrario, lo que se pudo ver en la Romareda no pasó de ser la sombra de lo que un día fue el grupo español con uno de los directos más potentes (ruido y furia, ¿recuerdan?) del país.
Respecto al montaje, un escenario que, a todas luces (permítanme la broma), se queda ancho para un grupo que nunca se caracterizó por tener unos componentes muy movidos: sólo Bunbury era el que no paraba de un lado a otro, contrastando, anteriormente, con la soberbia de Juan y Joaquín; sin embargo, esta vez, había demasiado suelo que pisar. Tampoco es excusa: la cosa no cambia mucho cuando se trasladan al final de la famosa T, al segundo escenario.
Los gestos, las expresiones faciales (visibles más claramente en los cines, el día diez), denotaban cierta ausencia en el show por parte del guitarra y el bajo del grupo. Y no, una cosa es pose (en el buen sentido), y otra dejadez. Definir cuándo se da una u otra ya es más complicado.
En cuanto a Bunbury, venció, pero no convenció: consiguió salvar sus problemas de garganta, pero no se supo transformar, más allá de la vestimenta, en la Rock Star de antaño; por el contrario, siguió en su papel de español adoptado, al menos lingüísticamente, por Latinoamérica; y presentar las canciones de Héroes del Silencio como si de rancheras se tratara no parece lo más correcto. Habrá que estar atentos a la forma en que pretenda callar, como en el 97, a los que en sus conciertos venideros (si es que los hay) clamen el nombre de "Héroes, Héroes": todo un callejón sin salida para el maño.
¿El repertorio?: una de cal y otra de arena. Cuando parecía que el famoso buque (Bunbury dixit) elevaba anclas, con Nuestros Nombres o Entre dos Tierras , volvía, al momento, a convertirse en una barca del Retiro: no es por denostar, pero hay momentos para el paseo, y momentos para el crucero.
Especialmente traumático es el cierre de concierto con En brazos de la fiebre : en ese momento, viene a la cabeza aquel "venga, ¿alguien quiere más?, ¿una más?
Nosotros queremos una más". desde luego queríamos una más, a pesar de ya saber cómo empieza y acaba el recital.
Lo que deja de ser música y es puro espectáculo (fuegos artificiales, abrazos a niños) no deja de ser una gota más que colma el vaso de la decepción.
El show, en general, no deja de ser una permanente repetición, algo que en estos tiempos que corren, en que desde el segundo día del inicio de gira ya sabíamos qué frases se decían y qué repertorio se tocaba (maravillas de Internet), no se puede permitir.
Sin embargo, y para no faltar a la verdad, hay que reconocer que una multitud de gente ha salido satisfecha de todo esto. No me queda más que envidiarles, al mismo tiempo que incomprenderles.
¿Una despedida?: escojan una frase de Nuestros Nombres.
Javier Avendaño
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Los días 10 y 12 de Octubre España, Zaragoza en general y un servidor en particular vivieron el concierto más grande que se recuerda en mucho tiempo. Volvían a casa, en fiestas, y tras muchos (demasiados) años de sequía Héroes del Silencio . Una pequeña gira que les ha llevado por América y ahora la península tocando y llenando estadios enteros hasta la bandera, ideal para los que se quedaron de ganas de más o para los que, como era mi caso, jamás pudieron verles en directo.
Durante el día 10 la locura ya se desató en la capital maña, pero había un ''runrún'' que indicaba que lo bueno vendría dos días después, el día de la despedida más amarga y dulce que se vivirá en la música patria en mucho tiempo. 1 hora de cola, más 5 (sí, increíble) después de entrar al recinto del estadio de fútbol de La Romareda esperando, se saldaron al final con cerca de 3 horas de concierto y una sonrisa de idiota en la cara que fue difícil de borrar hasta varios después.
Cuando cuatro pantallas se iluminaron para insinuar las siluetas de Juan Valdivia y Enrique Bunbury , después de una introducción con Song to the Siren de fondo, el publico enloqueció en un rugido unísono para comenzar a cantar (y no volver a parar) una a una las 26 canciones que nos tocaron.
Tras unas grandiosas Deshacer el Mundo y El Estanque llegó un momento mágico en el que Bunbury se acercó al público mediante la pasarela fija que estaba instalada y con unos ojos totalmente llorosos nos miraba gritando eso de: ''En la prisión del deseo estoy. ¡JUNTO A TI!'' Pues bien, ese TI se lo tomo como algo personal incluso los que estaban de espaldas en ese momento, cualquiera que viese esa cara y esos ojos no pudo resistir el sentirse el centro de atención por un momento. Fue la primera, y no la última vez, que moje los ojillos un poco he de reconocerlo.
Y aun así no sé cómo no salí deshidratado porque empalmar Mar Adentro con La Carta debería estar penado y tipificado. Menos mal que entonces dijo que iban a cantar algunas canciones fuera de los repertorios normales y metieron la soporífera Agosto . Este momento de relax sirvió para fijarse bien en los cuatro, cinco si contamos al hermano de Valdivia que estuvo como segundo guitarra. Bunbury por más detractores que tenga, lo ames o lo odies, no cabe duda que es el tipo con más personalidad y carisma que ha pisado un escenario en este país. Esa voz, esos pantalones ajustados marcando paquetazo a lo Morrison , el pelo, las uñas pintadas, él en si mismo es un icono pop por si solo. Increíble lo que fue capaz de transmitir, increíble cómo corría de un lado a otro del escenario y cómo se movía, e increíble las notas que fallaba y las veces que estuvo apunto de rendirse por culpa de unas lágrimas que intentaban escaparse de él cada vez que se acercaba a cantar al público. Al contrario que Juan , que se estuvo el 95% del concierto en una esquina absolutamente solo y a unos 20 metros del resto de la banda. Eso sí, perfecto en la ejecución, clavó todas y cada unas de las canciones. Su hermano estuvo bastante más participativo y de los otros dos miembros mejor ni hablar, meras estatuas.
Yo creo, que hasta el amigo Enrique se dio cuenta de que Agosto no se la conocía ni su madre así que mejor para levantarnos otra vez que la Sirena Varada . Yo no sé si es porque es mi canción favorita y esperaba algo espectacular o qué demonios fue, pero para mí que la tocaron un poco a desgana. Igual influyó lo que él mismo reconoció unos cuantos temas más después, incluída la presentación del grupo y una magistralmente tocada La Herida , que no fue otra cosa que había agarrado un resfriado y que estaba perdiendo la voz. Uno de los que venían conmigo, y que es un grandísimo fan se volvió y me dijo: ''Venga Ales, que esto se acaba aquí fijo, si lo veía venir.'' pero como aparte de amigo mió no hace horas extra como pitoniso se equivocó, y vaya si se equivocó. A estas alturas el grupo ya había abandonado el escenario principal y se habían sentado todos en unas sillas al final de la pasarela para hacer una pequeña sesión acústica, con aparición desde el suelo de Pedro Andreu montado en una batería incluida. Apuesta por el Rock and Roll y Héroe de Leyenda sonaron a más himno que nunca, en esa pequeña puesta en escena intima, si se puede llamar intima a una canción tocada delante de un estadio de fútbol entero. Y eso que solo llevábamos la mitad de lo prometido en el set list.
Y unas pocas canciones después llego un combo que nadie se podría esperar y que no se cómo no terminó con la gente tirando el estadio abajo, y os aseguro que podía haber ocurrido porque yo, estando en la zona de preferente y a unos 2 o 3 metros del escenario como mucho, ya podía ver a la gente arrancando a mano las fundas que habían sido puestas para tapar el césped del campo. El mar no cesa , Entre dos tierras , Iberia Sumergida y la canción más espectacular que he visto yo tocar a nadie sobre un escenario, Maldito Duende . Esa armónica al principio de la versión del ''Rarezas'' me puede. Pero esta sensación de paz universal que nos invadía a todos fue truncada por el propio Bunbury cuando anunció que iban a tocar ya la última. Y ahí amigos míos si que me vi yo transportado a Woodstock, primero porque la gente se empezó a desmayar a mi alrededor de manera súbita y segundo porque la canción elegida para terminar fue Avalancha . Una marea de gente se abalanzaba contra el escenario a cada frase imitando una avalancha y pisando, aplastando, y golpeando a todo el que estuviera a su paso, incluso vi algunas manos tocando las carnes a joviales muchachas sorprendidas ante tal ataque. Yo recibí tanto como di, y creo que algún heavy cuarentón confundido (o no) también me tocó, así que me fui contento oigan.
Pero no habíamos pagado más de 60 euros para verles tocar ''SOLO'' 3 horas, queríamos más, más, más. Y tras unos cuantos ''De la Romareda no nos moverán lara lara lara'' volvieron para tocar el primero, de los dos bises, que ofrecerían. Y tras un par de temas se vivió el momento mágico de la noche, cuando nos pidieron que ilumináramos la noche y la gente con mecheros, móviles, linternas, cámaras, e incluso ya solamente con la mirada, crearon 40.000 estrellas artificiales para vivir '' La Chispa Adecuada '' como se merecía. La cosa más bella que he visto en mi vida. Un nuevo amago y abandono de escenario para cinco minutos después volver y tocar otros tres temas y cerrar con En Brazos de la Fiebre . Fuegos artificiales en el cielo de Zaragoza y apagón general indicaron que esta vez si que no volverían.
Para los fans decir que se les vio con ganas, y sobre todo a Enrique , así que yo no descartaría nueva gira o incluso quizás, por qué no, nuevo disco. Para los no fans, decirles que vayan a Valencia al ver el concierto que resta de la gira para entonces después leer el punto anterior. Y para los que vivieron conmigo aquel concierto no se qué decirles, probablemente, al igual que yo, todavía ''se sientan tan fuertes que crean, que nadie. les puede tocar.''
Ales Pellicer
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fotos: Paisajes Eléctricos.
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