(1971)
A Colin Blunstone le rescató de su empleo alimenticio en una compañía de seguros el éxito tardío de "Time of the Season", el apoteósico single de Zombies que debía tener demasiado larga la mecha. El caso es que Rod Argent y Chris White ya se habían involucrado en otra banda (Argent) y que Blunstone se veía tan inseguro de prosperar como solista que publicó algunos sencillos de tanteo, bajo el seudónimo Neil McArthur. Funcionaron muy decentemente en cuanto a repercusión. Así que Blunstone dio el paso adelante, bajo el amparo de Argent y White en producción, composición de algunos temas (inicialmente destinados al inédito "R.I.P." de Zombies) y respaldo instrumental en los temas "animados".
Sin embargo si ese registro pop más convencional y luminoso fuera exclusivo en "One Year", el álbum resultaría de grata escucha, reconfortante, pero menor. Lo que lo ha convertido en pieza de culto son las canciones presididas por los maravillosos arreglos de cuerda de Chris Gunning. Indescriptiblemente ricos, con un poder evocador sublime y absolutamente apropiados para converger con las suaves y muy emocionales prestaciones vocales de Blunstone. No dejan de conectar en cierto modo con algunas de las facetas más admiradas de Zombies: la pastoral, la psicodélica, la chispeante.
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Colin Blunstone: "Say You Don't Mind"
Otra virtud capital de "One Year" es que los temas apoyados en las cuerdas no se dan de bofetadas con los otros. Estos últimos actúan magníficamente como contrapunto y trampolín para saltar nuevamente a la magia. El tono decreciente en calidad de los trabajos posteriores de Blunstone (subrayemos que el segundo, "Ennismore", también merece una atenta revisión) ha jugado en contra de la cotización que este álbum merece: sencillamente uno de los mejores de su tiempo (¡y vaya cosecha la del 71!). A lo mejor Blunstone, que con Zombies fue casi ágrafo, no era un compositor portentoso (aunque la escucha de "Though You Are Far Away" lo desmienta), a lo mejor los resultados hay que achacárselos antes a una rara conjunción astral y al talento de los colaboradores que a las capacidades reales del artista. Pero esas pijoterías ya no importan: el álbum funciona a la perfección en todo su breve recorrido y es orfebrería pop de primerísima calidad.
Presten atención a cómo, en la amarga "Misty Roses" (Tim Hardin) contrasta la negrura del texto con el triple salto mortal que supone pasar de un arranque bossa a una orgía de cuerdas schubertianas. Asómbrense con el arranque de "Her Song", con aroma de composición de Bernard Herrmann para el Hitchcock más romántico. Y, por encima de todas las cosas, observen cómo su propia fisiología (carne de gallina, pelitos que se erizan, escalofríos que vienen y van) les confirma que este pop ensoñado está tocado por los ángeles.
texto: Alfonso García.
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