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_Hace unos meses concluyó una de las series más influyentes de la ciencia ficción contemporánea en televisión: 'Battlestar Galactica'. Su hilo argumental, sustentado en la supervivencia de la humanidad, un escaso "grupo" de 40.000 personas que escapa por el espacio de la constante persecución cylon -robots creados a imagen y semejanza de la raza terrestre-, es un canto a la búsqueda de la propia razón de ser de la misma. Tras el ataque por parte de los cylons a las Doce Colonias, planetas de similares características a la Tierra, la humanidad ha de encontrar un hogar en el que refugiarse de la amenaza exoterrestre que le acecha en todo momento.
Una de esas colonias, Caprica, centra ahora otra serie para alabanza y gloria de los seguidores de 'Battlestar Galactica', que no tuvieron suficiente con las aventuras de Gaius Baltar, del comandante Adama y de la piloto Starbuck. Sin embargo, aquel que espere en 'Caprica' (2010) una referencia directa a la aclamada serie de Sy-fy que se frene ahora: se trata de un planteamiento totalmente opuesto. Si en 'BSG' todo era rapidez, acción, intriga e inquietud, en 'Caprica' el argumento está ralentizado. No es que no disponga de movimiento, sino que se centra en la parte moral y ética surgidas a raíz de la implicación de crear vida artificial con la cual hacer más fácil la existencia humana, a pesar de que no llega a interpretarse del todo las cuestiones a las que Isaac Asimov aludía en su obra maestra 'Yo, robot'.
Hoy en día, con los avances científicos y tecnológicos que cada vez se dan con más celeridad hacen suponer que dentro de no muchos años tendremos una inteligencia artificial, al menos en parte, desarrollada hasta tal punto que sea beneficiosa para la humanidad, en lo que a comodidad y servicios se refiere, y que tenga conciencia de sí misma. En 'Caprica', este sentimiento aflora con una rapidez inusitada. La creación de las 'holobandas' por Industrias Graystone se solapa en una delgada línea existente entre la tecnología, sus aplicaciones y la moralidad que surge a partir de éstas. Este artilugio, similar a unas gafas, permite crear un avatar en un mundo alternativo y virtual... pero, ¿y si la persona que ha accedido a ese mundo virtual muere en el real? ¿su avatar, su alma electrónica, queda para siempre en el limbo alternativo? ¿y si directamente no es una persona, sino un ente-avatar que sólo existe en esa realidad? ¿podría extenderse a un cuerpo y tener conciencia propia? Esas son varias de las preguntas a las que tendrá que hacer frente el espectador de la precuela de 'Battlestar Galactica', que hace unos días concluyó su media temporada y que continuará con su argumento tras el obligado parón durante la estación veraniega.
'Caprica' tiene, en cuanto a la ambientación, un regusto a años veinte que se refleja con gran maestría. Esto, unido a la estética futurista, hacen de la serie una ficción que se interrelaciona de forma estrecha con la esfera steampunk, que en la última década ha adquirido un cierto aunque escaso desarrollo en el mundo de la televisión.
En cuanto a los personajes, cabe destacar el enfrentamiento entre la familia Adams y Graystone, uno de los hilos conductores de la serie que, junto a las implicaciones morales de la ciencia, al terrorismo y a los derechos humanos, se erigen como elementos clave dentro de 'Caprica'. Una cuidada producción y un elenco de actores más que profesional (Esai Morales como Joseph Adams, Eric Stoltz como Daniel Graystone o Alessandra Torresani como Zoe Graystone) hacen de 'Caprica' una serie, cuanto menos, interesante para el gran público e indispensable para los fans de 'Battlestar Galactica'. Por eso decimos: "So say we all!".
_texto: Sergio Sánchez.
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