
(Argentina, 2007)
Nietzsche clamaba allá a finales del siglo XIX que Dios había muerto. Obviamente nunca conoció a alguien como Tati Benítez, el protagonista de "El camino de San Diego"; de lo contrario sabría que Dios no sólo existe y ha existido, sino que ahora mismo vive entre nosotros, tenía una zurda de oro y solía lucir un número diez en su espalda.
Carlos Sorín ("Bombón, el perro") abre el cofre de los buenos sentimientos y la bonhomía para esta suerte de road movie gaucha que relata el periplo de un tipo pobre de solemnidad pero con más moral que el alcoyano y que le lleva desde la Amazonía argentina hasta Buenos Aires con el firme propósito de encontrarse cara a cara con el ídolo Maradona. Sorín, como muchos de sus compañeros de profesión y paisanos, no olvida en "El camino de san Diego" la penosa situación económica de Argentina. Eso queda patente en cada paso que da ese fútbol-adicto con mirada de niño, pero el realizador argentino rehusa dejarse llevar por la desesperanza y el pesimismo, y crea una historia en la que el factor altruista es punta de lanza. Aquí y allá siempre hay alguien dispuesto a echarle una mano al hincha peregrino. Sin embargo se le puede buscar a su historia una lectura más profunda, porque aquí Diego Armando, el "pelusa", tiene carácter de religión. Él, como cualquier otra deidad, también consigue hacerles la existencia más llevadera a sus fieles, a los desheredados. ¿Qué es la religión sino la esperanza en que algo mejor es posible? Ningún penitente de La Meca pisará la tierra con más fe en Alá de la que Tati Benítez le tiene al mejor jugador de balompié de todos los tiempos. ¿Frívolo? Tal vez, pero no es nada frívola la conclusión que Sorín quiere que extraigamos: para algunos es vital creer en algo, ya sea en un crucificado o en un media punta bajito y regordete con cierta querencia por la cocaína.
Inocencia, la infinita llanura argentina y unos cuantos actores no profesionales. Eso es todo lo que Carlos Sorín ha necesitado para darnos un baño de autenticidad; un viaje que enternece y emociona. No viene mal dejarse llevar por el corazón de vez en cuando. Porque eso es exactamente "El camino de San Diego": puro corazón.
Enrique Campos.
*comenta este artículo en nuestro foro
©2008 paisajeseléctricos