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Cuando una película es homenajeada en "Los Simpson", eso significa que ha pasado definitivamente a la historia. Puede que no todo el mundo haya visto "Caballero sin espada", sin duda una de las más grandes obras de Frank Capra, pero seguro que todo el mundo recordará el capítulo de la serie de Matt Groening en el que Mel Gibson pedía ayuda a Homer para rodar una nueva versión del film. Si bien era de esperar que un personaje como el cabeza de familia de los Simpson no pudiera respetar la esencia del original, no es mala idea repasar los motivos por los que esta película se ha ganado su hueco en la historia del cine pese a haber sido apaleada por la Academia (sólo se llevó 1 Oscar de 11 nominaciones, porque competía con "Lo que el viento se llevó").
Es ésta la historia de un joven designado como senador de manera temporal para cubrir la baja otro senador fallecido. Una vez en la capital, descubrirá que el mundo de la política está podrido y que su designación tenía como fin el no entorpecer los planes de los poderosos. Como se espera de un buen héroe de Capra, y Jefferson Smith es uno de los mejores, él no se resignará y hará lo imposible para defender los valores americanos. Y es que, si algo hay que reconocerle a los americanos, es el ser la primera nación del mundo construida sobre unos valores que cualquier ser humano puede compartir sea cual sea su procedencia. Mientras otras naciones se asientan en siglos de historia y tradición, una lengua determinada o incluso una religión, los Estados Unidos tan despreciados en Europa se construyeron sobre los valores de la libertad, la igualdad de oportunidades y la justicia, siendo éste quizá el que más resalta en la película. Y de paso, el film propina una sonora bofetada a aquellos "peces gordos" que traicionan los principios de su nación para lograr su beneficio personal. Ver a Jeff Smith oponerse a la construcción de una presa en el terreno en el que él quiere construir un campamento en donde enseñar a los niños los valores de los que hablaba antes hace que el espectador se posicione inmediatamente al lado del protagonista. Sobre todo cuando esos niños, como dice Smith, son los senadores del mañana.
¿Y cómo defenderá sus ideales este Superman (por aquello de que lucha por la verdad, la justicia y el american way) de a pie? Como da a entender el título español, únicamente con la palabra, y más concretamente, con la Constitución de los Estados Unidos. Ahí está uno de los puntos fuertes de la película. Como bien mostraba el episodio de "Los Simpson" antes mencionado, hoy en día no habría forma de sacar adelante una resolución como la de este filme, tan acostumbrados como estamos a que ver personajes hablando es aburrido y sin embargo lo divertido es ver unos cuantos tiros. Pero para algo Capra era Capra y la escena del final tiene una fuerza inigualable, con el protagonista exhausto luchando por no desfallecer en su lucha, mientras nos recuerda a todos los pilares de la nación estadounidense que impiden que la primera potencia mundial se derrumbe.
En esta historia hay un personaje bueno e idealizado, el protagonista, que a los 5 minutos de conocerlo le entran a uno ganas de nacionalizarse norteamericano; uno malo, el empresario que quiere construir la presa; y luego está el senador Paine, que representa el conflicto entre la defensa de los ideales y el deseo de beneficio personal. Por supuesto, también hay un interés romántico para el protagonista, una mujer de carácter (pero de verdad) que encontrará en el joven senador la inspiración para renunciar al mundo de corruptelas que es la política en esta película. Todos encarnados con convicción por un reparto maravilloso, destacando James Stewart, como el héroe carismático e idealizado con el que todos nos identificamos, pero sobre todo Claude Rains como el senador Paine, el personaje más complejo y humano de los que aparecen en pantalla. Inolvidables sus miradas de culpabilidad y su lucha interior, que no se ve, pero se siente.
También se llevan su parte los medios de comunicación, que no siempre actúan como el perro guardián de la democracia que deberían ser. Y por supuesto, la película es un homenaje al americano medio, del que depende que su nación se mantenga fiel a sus principios fundacionales. Eso es Jefferson Smith, un hombre normal, pero de firmes convicciones, que se enfrenta él solo a todo un sistema corrupto en nombre de toda la nación. Muchos más como él nos hacen falta, también en España.

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