Uno de los hechos más significativos que se produjeron a finales de los sesenta en el panorama musical fue el endurecimiento del sonido que llevaron a cabo una serie de grupos que, corrompiendo el blues y abusando de drogas duras, exploraron nuevos horizontes musicales, dejando en el camino un puñado de discos considerados más tarde como míticos que les abrieron las puertas del Olimpo del Rock and Roll. Los ejemplos más evidentes se encuentran en los virtuosos álbumes de Hendrix y Cream en plena movida hippie, los dos primeros de Led Zeppelin en 1969, la ruidosa escena de Detroit con The Stooges y MC5 o los ligeramente más tardíos Black Sabbath .
En un segundo plano de cara a la posteridad han quedado grupos como estos Blue Cheer , que bien podrían considerarse un cruce bastardo entre los desvaríos guitarreros de Hendrix y el salvajismo de MC5 . Procedentes de San Francisco, poco se les pegó del buen rollo de bandas de su misma ciudad como Jefferson Airplane . En su lugar encontramos a tres cafres aporreando sus instrumentos y pegando gritos. Eso sí, las drogas que no falten. Ya desde el propio nombre, que alude a un tipo de LSD, que a su vez tomaba el suyo de un detergente, quizá aludiendo inconscientemente a la causticidad de la música que hacían.
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Blue Cheer "Summertime Blues (Live)"
En cuanto al disco, la guitarra de Leigh Stephens remite muchas veces a la de Hendrix , supliendo la falta de destreza con el socorrido recurso de tocar más fuerte. Algo parecido sucede con Paul Whaley , batería, que con su espartana forma de tocar puede recordar a Moe Tucker de Velvet Underground . Dickie Peterson al bajo, completa la clásica formación de power trío. Abren fuego con Summertime Blues , clásico de Eddie Cochran , más cruda si cabe que la que solían llevar a cabo de The Who en sus actuaciones, debido en parte a una producción que brilla por su ausencia. También se puede oír en ella un par de veces el riff de Foxey Lady de Hendrix , esperemos que a modo de homenaje. Le sigue la bluesera Rock Me Baby , donde la cazallosa voz de Dickie Peterson da paso a un par de solos de guitarra acompañados por una machacona batería. Vuelve a aparecer la sombra de Hendrix en los casi ocho minutos de Doctor Please , la canción más larga del álbum, en la que dan rienda suelta a la experimentación y las guitarras pesadas, con el siempre presente martilleo de Whaley . Más de lo mismo en Parchment Farm , que en algún pasaje recuerda vagamente a la archiconocida Sunshine Of Your Love , y en Second Time Around , en el que una especie de primitivísimo solo de batería da paso a un estridente caos que pone fin al álbum. Entre medias se encuentra la destacable Out Of Focus . Bluesera, en la onda de Hendrix , como no, en ella podemos escuchar dos fugaces solos simultáneos más o menos en la mitad de la canción.
Vincebus Eruptum suena más sucio, más alto y más peligroso que la mayoría de sus discos coetáneos. Intentar ver en ello los orígenes del Heavy Metal o el Punk ahora, a toro pasado, está de más pudiendo poner los altavoces a tope y deleitarnos con esta patada en el hígado procedente ni más ni menos que del San Francisco de finales de los sesenta, epicentro del hippismo mundial.
Javier Maestre.
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