Ascensor para el cadalso

Ascenseur pour l'Echafaud

Louis Malle

(Francia, 1958)

 

La perfecta alegoría de la justicia poética. Eso es lo que Malle recreó para su debut en el largometraje. La justicia corre a cargo del destino, tan cruel como irónico, o, para los incrédulos, del simple azar. La poesía la ponen el propio Malle y su asociación con Jeanne Moureau y esa mirada suya que a veces apuntaba al infinito, y otras tantas escrutaba a sus partenaires con un alzado de cejas matador. La Moureau caminando sin rumbo, solitaria, por la noche parisina, buscando al amante y al cómplice. De el plan perfecto de ambos para asesinar a su marido algo ha salido mal, aunque ella ignora qué... Su miedo y sus celos cavarán, sin saberlo, la tumba del concubino.

 

Como los aprendices más avezados, Malle daba sus primeros pasos bajo la influencia de un gran maestro. La sombra de Hitchcock es alargadísima en la manera en que los acontecimientos se suceden en este "Ascensor para el cadalso"; cómo la tortilla da la vuelta para el confiado asesino. Esa manera de maltratar a sus personajes con la que Don Alfredo disfrutaba como un enano. Aunque los rasgos de la nouvelle vague, el fatalismo y una cierta mirada de profundidad están ya ahí, en el fondo el debut de Malle es un incontestable ejercicio de cine negro clásico; una sentida y respetuosa reverencia a sus mayores. Ya llegaría el momento de experimentar y sumergirse en argumentos y reflexiones abisales o de desembarcar en el mismo Hollywood. Sin embargo nunca estaría más cerca de las deidades hollywoodienses de lo que lo estuvo subido a este ascensor. Con un par de ventajas: él tenía a sus órdenes a una criatura de talento y atractivo infinitos llamada Jeanne Moureau y a un tal Miles Davis fabricándole la banda sonora. ¿Quién dice que lo de "Dream Team" se acuñó en Barcelona '92?

 

 

 

Enrique Campos.

 

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