_artículos
09/03/10
   

_mind jarmusch

'los límites del control', 2009
 

 

_The limits of control es un viaje de carácter espiritual y lisérgico hacia el origen de la vida, el arte y la comunicación. Puede que sea la mejor crítica al mundo civilizado moderno que servidor haya visto. Algunos la han considerado una “road movie”, pero yo me he permitido definirla como una “mind movie”; un viaje mental que parte del raciocinio y la reflexión dirigiéndose hacía el gran misterio del universo: la existencia. Pero sólo podremos infiltrarnos en la guarida de los secretos usando nuestra imaginación y habilidades, porque todo es subjetivo. Mas el film insinúa con firme perspicacia que existe una fuerza oculta mayor, no obstante, materializada en un hombre aparentemente poderoso. Pero como aventuran a reiterar en varias ocasiones: “El que se tenga por grande, que vaya al cementerio. El mundo es un palmo de terreno. La vida no vale nada”. Y yo no descarto la posibilidad, sino que quisiera ratificarla, de que existen un grupo minoritario dominante por el cual debemos someternos en un sistema capitalista que juega a hablar de crisis mientras le sigue siendo rentable que más de tres cuartas partes de la población mundial viva en una pobreza extrema en un beneficio irreversible para unos dos millones de millonarios que ignoran que el dinero no da la felicidad sino que, por el contrario, la corrompe. Así mismo, nuestro silencioso y elegante protagonista, Isaach De Bankolé, realiza su viaje desde París a cada vez territorios, entornos y moradas menos lujosas, terminando su última estancia en un austero cortijo de Doña María Ocaña, en Almería. ¿Qué necesita el hombre para vivir? ¿Para qué vivimos: para poseer o para aprender y compartir; para buscar la pureza espiritual o para rodearnos de artificios innecesarios?

 

Jim Jarmusch encuentra dicha pureza en el arte a través de cuadros como El violín, de Juan Gris; Desnudo, de Roberto Fernández Balbuena; Madrid desde Capitán Haya, de Antonio López; y Gran Sábana, de Antoni Tapiés. Aunque las referencias artísticas en sus concepciones arquitectónicas, musicales, literarias y cinematográficas no son escasas. Y también busca la pureza a través de la ciencia con reflexiones como la expresada por el personaje interpretado por la enigmática Youki Kudoh en su viaje en tren a Sevilla desde la capital española, que dice: “Cada uno es un conjunto de moléculas cambiantes que giran en éxtasis”. Y sí, hasta donde yo sé, toda la materia no es más que energía condensada en una vibración lenta e infinita. “El Universo no tiene ni centro ni bordes. La realidad es arbitraria.” Uno de los mensajes, quizá el más importante del film, es que si toda la materia está constituida de los mismos principios y, por tanto, todo tiene en común un Todo primigenio del cual no somos dueños, no podremos nunca controlar el universo ni pretender controlar a las personas. Pero dejamos que eso sí ocurra. No somos libres, y quizá nunca logremos comprender por qué.

 

The limits of control podría tener una fotografía más seductora o preciosista, así como un sonido más efectista, pero no lo necesita. La estética de la película está en perfecta armonía con su mensaje. No trata de engatusar al espectador con diamantes u otras piedras preciosas, pero consigue seducirle sugiriéndole que existe un mundo más allá del cine, los sueños y la realidad del universo conocido.

 
_tráiler
 

La banda sonora principal pertenece al rock progresivo, y esta obra cinematográfica parece ser una adaptación de conducta entre ambos artes. Así mismo tiene una aparición de importante valor la música flamenca, y de menor importancia el pop rock actual. Además, Jarmusch introduce un elemento mágico otorgando un sonido característico a la vista de los diamantes, repitiéndose tres veces a lo largo de la cinta.

 

Sobre el personaje quisiera añadir el dato anecdótico de que aparentemente apenas come. Él deja claro que no quiere nada armas, sexo, ni teléfonos móviles mientras trabaja; pero lo más sorprendente es que sólo le vemos alimentarse de dos cafés expresos diarios, dos peras por la mañana para desayunar, dos esporádicas cervezas e ignoro si se dignó a comerse los cacahuetes que le sirvieron en el “piano bar”. Y creo no equivocarme al afirmar que durante su trabajo durmiese menos que Fassbinder.

 

Para finalizar, y a título personal, considero que esta película también es un alegato a los psicoactivos desde el café hasta el peyote; donde se mencionan las experiencias alucinógenas de los primeros bohemios artistas.

 

 

“Yo sentí al descender los impasibles Ríos
que ya no me sirgaban mis conductores…”
Arthur Rimbaud

 

 

 

 

_texto: Joaquín Regadera.

 
   
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